Posts Tagged ‘Teoría Política’

Sobre Timothy Garton Ash

noviembre 21, 2012

Imagen: Torre de Babel de Pieter Bruegel

El historiador de la “historia del presente” Timothy Garton Ash ha publicado en el New York Review of Books un interesante ensayo sobre la libertad y la diversidad en las sociedades actuales. En polémica con el multiculturalismo Garton Ash argumenta en clave liberal un pentagrama de virtudes para la libertad en la diversidad: inclusión, claridad, consistencia, firmeza y liberalidad. Garton Ash escribe desde las esferas de la teoría política y la historia del presente. (Una lectura encontrada en el blog de Jesus Silva-Herzog Márquez).
Anuncios

William E. Connolly: Dios, liberalismo y democracia

noviembre 3, 2011

Una de las lecturas más audaces en la actualidad sobre una crítica al liberalismo clásico es la del teórico político William E. Connolly. La clave de la lectura crítica a los liberales clásicos de Connolly es la “muerte de Dios” de Nietszche. De acuerdo con Connolly en la teoría política de Thomas Hobbes encontramos la sustitución de la fe de la Iglesia por la fe en la razón. El hombre es un artífice del orden de la naturaleza, y derivado de lo anterior del orden del Estado. La fe en la razón de Hobbes hace nacer a un hombre bajo el control del Estado. Rousseau profesa su fe en la “virtud” de la República, en el bien común del aparato estatal. El discurso de Rousseau no es más que la lectura secular de la visión compacta y armónica de la religión. Connolly argumenta que los sueños de la razón de Hobbes y Rousseau palidecen frente a las pasiones del Marqués de Sade. Sade, a diferencia de Hobbes y Rousseau, no sustituye la fe por la razón, lo de Sade es vislumbrar la tragedia de la diferencia. Connolly sostiene una especie de liberalismo radical que se traduzca en instituciones democráticas que sostengan y alienten  políticas públicas producto de las diferencias. La lectura de Connolly es una lectura  imprescindible para el lector mexicano, cuando observamos en nuestra opinión pública la hegemonía del discurso liberal clásico, cuyo rasgo distintivo es una fe en la política como un libre mercado.

Ciudad de México, a 3 de noviembre de 2011

 

Adam Smith y el Marqués de Sade

diciembre 8, 2010

La lectura del Marqués de Sade provocó fascinación y perturbación en Octavio Paz. Sade es el transgresor del orden social y la racionalidad canónica del siglo XVIII. Para Michael J. Shapiro la figura opuesta a Sade es la Adam Smith. Sade y Smith son dos figuras centrales para comprender el orden social de acuerdo con la preceptiva de la teoría política. Smith considera que los deseos sexuales perturban el orden social, las pasiones de los hombres deben atenuarse hacia la vida feliz en un orden social armonioso. Preocupado, al igual que Thomas Hobbes, Smith imagina una sociedad en donde prevalezaca el orden, para ello es necesaria una moral geométrica que contenga la ficción sexual. Sade encuentra la realidad en las ficciones de la sexualidad, en las pasiones de los hombres que se niegan a cualquier arreglo social. El hombre no es razón, es pasión que transgrede el orden moral de la sociedad. La tradición de Sade es la de Freud, Lacan y Foucault. Estos trazos los tomo del ensayo de Michael J. Shapiro titulado Eighteenth Century Intimations of Modernity: Adam Smith and the Marquis de Sade

 

Análisis de la ideología desde la teoría del discurso de Ernesto Laclau

noviembre 23, 2010

Análisis de la ideología desde la teoría del discurso de Ernesto Laclau

 

Noé Hernández Cortez*

Flacso, Sede México.

 

Resumen

En el presente trabajo pretendo desarrollar la estructura teórica de la concepción de ideología en la obra de Ernesto Laclau. Para ese propósito desarrollo tres apartados, a saber: 1). El horizonte filosófico en que se ubica la obra de Ernesto Laclau; 2). Las categorías de análisis de la teoría del discurso postestructuralista desarrollada por este autor, y 3). La articulación teórica de ideología política como hegemonía para el análisis del discurso.

 

Palabras claves: Laclau, Ideología y hegemonía.

_______________________________________________________

La obra de Ernesto Laclau ha influido en distintas áreas de investigación como son la teoría política, la teoría del discurso, la sociología política y la ciencia política. El punto de partida de madurez intelectual de Ernesto Laclau, de lo que será el inicio sistemático de su arquitectura teórica, fue en 1985 con la publicación de Hegemonía y estrategia socialista. Hacia una radicalización de la democracia, obra que escribió en coautoría con la filósofa política Chantal Mouffe. Sobre esta arquitectura teórica que es el pensamiento de Ernesto Laclau me detendré sólo a analizar en el presente trabajo la estructura teórica de la concepción de ideología. Para ese propósito desarrollo tres apartados, a saber: 1). El horizonte filosófico en que se ubica la obra de Ernesto Laclau, 2). Las categorías de análisis de la teoría del discurso postestructuralista desarrollada por este autor, y 3). La articulación teórica de ideología política como hegemonía para el análisis del discurso.

 

El horizonte filosófico

Lo primero que advertimos en el pensamiento político de Laclau es que este se constituye a partir de una lectura crítica de la modernidad. Su lectura de la modernidad le permite, junto a Chantal Mouffe, realizar una crítica radical de los esencialismos que propagó el Iluminismo filosófico del siglo XVIII. Y cabe aclarar que empiezo con la frase advertimos, porque considero relevante iniciar señalando que su teoría del discurso se configura a partir de esta lectura de la modernidad, pues será en el discurso filosófico en donde se gestarán las categorías fundamentales de su teoría política que corre pareja con su teoría del discurso. En lo sucesivo señalaré lo que considero las nociones claves del andamiaje filosófico del pensamiento político de Laclau, la crítica al esencialismo filosófico, la visión fragmentada del mundo social, la naturaleza del texto y la noción de hegemonía.

El esencialismo filosófico construyó categorías universales y fijas que determinaban las condiciones de posibilidad del conocimiento del mundo político. De esta manera la razón del siglo XVIII diseñó las nuevas categorías políticas universales como son el contrato social, los derechos universales del hombre, la democracia, la libertad sin considerar los matices de su contingencia histórica. Siguiendo a David Howarth (2009), la crítica a los universales que configuraron la idea moderna de la comunidad política, por parte de Laclau y Mouffe tuvo como implicaciones filosóficas una atenuación de la modernidad, el argumento es que en lugar de mirar los ideales modernos como utópicos era importante configurar una noción política ligada al mundo accidentado de los sujetos. Para Laclau los universales son la versión secular que sustituye el significado trascendental que Dios otorgaba al sujeto. Así, en una época postmetafísica como bien lo observó Richard Rorty (1967), el significado pierde esa trascendencia filosófica y empieza a tener contornos bien definidos, en donde el significado es un producto del discurso del sujeto, desapareciendo con ello el significado trascendental conferido por Dios. Estamos entonces frente a una ontología de lo social en donde el productor del significado ya no es Dios, sino el sujeto en el sentido cartesiano: el hombre cuyo atributo más importante es la razón, pero entendida como pensamiento analítico, apetitos volitivos y emotivos.[1] Los esencialismos habían borrado del horizonte de comprensión las diferencias que marcan el mundo social, asi por ejemplo los derechos universales del hombre como argumenta Iris Marion Young (2002) invocaban una idea absoluta de hombre, borrando las diferencias de los particularismos propios de las minorías que no se sujetaban a estos derechos trascendentales y absolutos.

El mundo fragmentado vislumbrado por el romanticismo literario del Sturm und Drang es la interpretación de la nueva lectura del mundo moderno. Las nuevas formas de pensamiento para significar el mundo pertenecen a nuevas formas fragmentadas de espacio y tiempo. El mundo moderno no se puede fijar como las antiguas arquitecturas del mundo medieval, y que tiene su máxima expresión filosófica en los tratados teológicos. Ahora el mundo moderno da paso a las nuevas formas del ensayo, iniciado por Montaigne. El mundo moderno es ahora interpretado como fluido, contingente y por consiguiente fragmentado, como apunta Francisco Gil Villegas:

 

“[…] Simultáneamente, lo fluido, transitorio, fugaz y contingente de la dinámica moderna a principios de siglo, requería de nuevos vehículos de expresión capaces de captar la volátil esencia del ‘espíritu de la época’ de esa modernidad que ya resultaba inaprehensible en los antiguos moldes de expresión” (Gil Villegas, 1998, 25).

 

            La idea de fragmentación se extiende asi al mundo social de las minorías, en ese sentido para lograr la unidad perdida es menester reconstituirla en las identidades políticas a través del discurso. Los momentos discursivos dispersos del mundo social restablecerán su unidad fugaz a través de la articulación discursiva, como bien argumentan Laclau y Mouffe en Estrategia Socialista:

 

 En el contexto de esta discusión, llamaremos articulación a toda práctica que establece una relación tal entre elementos, que la identidad de éstos resulta modificada como resultado de esa práctica. A la totalidad estructurada resultante de la práctica articulatoria la llamaremos discurso. Llamaremos momentos a las posiciones diferenciales, en tanto aparecen articuladas en el interior de un discurso. Llamaremos, por el contrario, elemento a toda diferencia que se articula discursivamente. (Laclau y Mouffe, 2004, 142-143)

 

            Desde esta perspectiva teórica podemos mencionar trabajos empíricos relevantes como el de David Howarth titulado The Ideologies and Strategies of Resistance in Post-Sharpeville South Africa: Thoughts on Anthony Marx’s Lessons of Struggle (1994) y el de David Chandler The Global Ideology: Rethinking the Politics of the ‘Global Turn’ in IR (2009).

La naturaleza del texto. Como hemos indicado líneas arriba para Richard Rorty el pensamiento contemporáneo sobre el lenguaje se sustenta en el supuesto de una filosofía postmetafísica, lo que implica que el significado del texto ya no depende de una trascendencia metafísica, sino que el texto encierra su significado en los contornos de su marco de referencia. Las consecuencias morales y políticas de la no existencia de un garante metafísico es que el hombre debe reconocerse en la Otredad. En términos del lenguaje de las ciencias sociales estos supuestos filosóficos permiten dar entrada a la “intersubjetividad”, al diálogo y reconocimiento entre los hombres (Habermas en Thomassen, 2006). O como lo formula Cornelio Castoriadis en su ensayo La cultura de una sociedad democrática (1995), los límites de la significación: una vez desaparecido Dios en el horizonte metafísico de Occidente, se reduce al texto mismo, esta interpretación cultural se traduce en la siguiente paradoja de la democracia: “…la creación democrática anula todo origen trascendente de la significación, en todo caso en el dominio público, pero de hecho también para el individuo “privado”, si es llevada a sus últimas consecuencias […] hace lo mismo en la vida privada, pues pretende darle a cada uno la posibilidad de crear el sentido de su vida. Esto presupone aceptar que no hay, como tesoro oculto que debe ser hallado ‘significación’ en el ser, en el mundo, en la historia, en nuestra vida: que creamos la ‘significación’ sobre el fondo de un sin fondo,[2] que nosotros también le damos forma al caos con nuestro pensamiento, nuestra acción, nuestro trabajo, nuestras obras, y que por lo tanto esta significación no tiene ninguna ‘garantía’ exterior a ella. Esto quiere decir que estamos solos en el ser –solos, pero sin ser solipsistas.” (Castoriadis, Vuelta; 1995:10).

Siguiendo esta línea interpretativa sobre el texto Ernesto Laclau publica un par de trabajos en donde hace explicito su teoría de la ideología. Es importante hacer notar que en 1978 Ernesto Laclau ya había publicado un libro sobre ideología titulado Política e ideología en la teoría marxista: capitalismo, fascismo, populismo (1978), libro que destaca por apoyarse en la filosofía de Platón para realizar una lectura crítica de la noción de Estado en Nicos Poulantzas. Sin embargo, como hemos mencionado los dos trabajos que inauguran la reflexión sobre la ideología a partir de su teoría sobre la naturaleza del texto producto de una amplia lectura de la modernidad son The Death and Resurrection of the Theory of Ideology (1997) y el paper Ideology and post-marxism (2006). De ambos trabajos lo que nos interesa destacar aquí no es tanto las estrategias discursivas como el antagonismo y lo político, sino más bien su polémica de fondo con Louis Althusser y su concepto de ideología (1971). Para Althusser, argumenta Laclau, el agente extradiscursivo que le daba sentido al texto y a la vez identificaba a la ideología como una enajenación de la clase trabajadora, era el científico social. Siendo coherente Laclau con su idea de texto, señala que Althusser suponía un elemento extradiscursivo y por consiguiente extraideológico, que le daba sentido al texto mismo. No obstante, señala Laclau que el texto no tiene elementos extradiscursivos que le den significado al mismo. Así, no es el científico social quien descubre la “enajenación” de la clase trabajadora como suponía Althusser, sino más bien sus contornos de significación se lo brinda el texto mismo. La idea sobre los contornos de significación es un argumento que proviene en su aspecto filosófico de su lectura crítica de la modernidad y a la vez de la teoría del signo de Jacques Derrida (Derrida y Chakravorty, 1974; Laclau, 2010)

            La noción de hegemonía. En 1985 la tradición de izquierda en Europa se encontraba en crisis. Como comentan Laclau y Chantal Mouffe (1985), la única propuesta política coherente de izquierda en ese momento, era el eurocomunismo. El pensamiento de izquierda de tradición marxista tenía que construir un nuevo mapa político e ideológico que guiara las acciones de los partidarios de la izquierda. En los términos de Laclau y Mouffe era pertinente trazar una ruta de estrategia socialista. En este escenario ambos autores emprenden una lectura bajo los términos del concepto de genealogía tal y como lo entendía Michel Foucault (Foucault, 2010), una lectura de crítica histórica de la tradición marxista que tuviera como eje la construcción de significación del concepto de hegemonía, concepto que permitía pensar una explicación del mundo de lo político bajo nuevas condiciones de posibilidad de dicho concepto, en realidad era la vez una crítica a la concepción de Louis Althusser de ver a la política como sobredeterminada en última instancia por la economía.

            En ese sentido la genealogía de hegemonía que trazan Laclau y Mouffe es un recorrido sobre los momentos teóricos de elaboración del concepto de hegemonía a través del pensamiento de Rosa Luxemburgo, Kautsky, Thomas Masaryk, Pléjanov y hasta llegar a Gramsci (Laclau y Mouffe, 2004). Hay que destacar que esta lectura de hegemonía se va constituyendo a partir de la teoría del discurso que elaboran ambos autores, en donde exponen que el concepto de hegemonía como marco de referencia es ahora un significado inestable y que cobra relevancia para explicar las identidades y subjetividades políticas. En breve, podemos señalar que el horizonte filosófico que trazan ambos autores permite construir la significación de las nuevas categorías de la teoría del discurso post-estructuralista.

 

Las categorías de análisis de la teoría del discurso postestructuralista

Como hemos argumentado la teoría del discurso de Ernesto Laclau corresponde a una interpretación sobre la modernidad, como hemos expuesto tiene diversas influencias filosóficas que le dan un carácter profundo de interpretación de determinados textos claves de la tradición marxista. Una manera de estudiar conceptualmente la noción de ideología de Ernesto Laclau es a través del método morfológico que propone Michael Freeden en su libro Ideologies and Political Theory: a conceptual approach (1998). Para Freeden las ideologías políticas no se pueden reducir a una explicación causal, pues este método pierde de vista la complejidad conceptual de las ideologías políticas. De acuerdo con Freeden una propuesta metodológica para estudiar las ideologías políticas es a  través del método morfológico que consiste en constituir los conceptos claves de una ideología y estudiarlos como conceptos “aledaños”, de tal manera que van “codefiniendose”, restituyendo así la complejidad que está implícita en toda ideología política (Román-Zozaya, 2008). En ese sentido, para Aletta Norval (2000) una manera de abordar la noción de ideología en el pensamiento político de Laclau es precisamente a través del método morfológico que sugiere Michael Freeden. En ese sentido, categorías de la teoría del discurso postestructuralista de Laclau como “significantes vacíos”, “cadenas de equivalencias”, “significantes flotantes” y “articulación discursiva” (Laclau, 2005) son elementos que permiten componer morfológicamente  el concepto de hegemonía como la configuración de las identidades y subjetividades políticas en el discurso, cabe agregar que a nosotros nos ha interesado aplicar específicamente al discurso de la política social en Venezuela en el período de 1989-2010.

            Era importante indicar el horizonte filosófico en que se ha constituido el pensamiento político de Laclau, pues ahora podemos argumentar con más consistencia que para Laclau su teoría del discurso es una ontología social. El sujeto es productor de significados en contextos contingentes, que sin embargo logran cierta estabilidad que configuran el imaginario político. De acuerdo con Laclau, los significados tienen “carta de naturalización momentánea” cuando se enuncian en un momento determinado, pero esta significación no es algo fijo, sino que se encuentra en constante cambio. Por ello, para Laclau los conceptos no son fijos, sino más bien inestables e irrumpen en el tiempo de la historia para fragmentar la realidad social en discursos dislocatorios. Por tal motivo, para Laclau la ideología no puede fijar la realidad como lo pretende un trabajo como el de John Gerring (1997), quien fija y estatiza los conceptos para después poder medirlos en modelos estadísticos.

            La teoría del discurso postestructuralista parte de la noción de que el significado es inestable y se va hilvanando a través de relaciones. Para realizar esta interpretación del texto es importante entonces hacer uso de categorías discursivas que nos permitan construir los campos discursivos en que se instalan los discursos a estudiar. Así, las categorías más relevantes de la teoría del discurso de Laclau son las siguientes. Los “significantes vacíos” son carentes de significación, pero entiéndase como vacíos como “significación fija”, asi sus condiciones de posibilidad es que los “significantes vacíos” operan no en una continuidad temporal, sino más bien a través de “eventos”, es así como se van “llenando” de significado. Por ejemplo, para Laclau un “significante vacío” por excelencia es el de “pueblo”, en los discursos populistas el concepto de “pueblo” es un imán que sintetiza las demandas de los ciudadanos, pero nunca se logra vislumbrar su significación plena (Laclau, 2005). Los significantes vacíos están presentes en los discursos de le teoría política, la libertad o la igualdad son significantes vacíos que han seducido la reflexión de los filósofos a través del historia del pensamiento político.

            Las “cadenas de equivalencia” son las relaciones  discursivas que operan en torno a un significado vacío e irradian a manera de órbitas de significación a estos significantes vacíos a través de “significantes flotantes”. Por ejemplo, el significante vacío de libertad forma cadenas de equivalencias que ligan a este núcleo de significado vacío a “significantes flotantes” como democracia o revolución. Hay que tener presente que estos moldes discursivos de Laclau son posibles a través del estudio genealógico de los textos como su propio trabajo lo demuestra y el del propio Michel Foucault. El momento articulatorio de los discursos se logra a través de un discurso hegemónico, recordemos que para Ernesto Laclau y los filósofos posmodernos como Chantal Mouffe e Iris Marion Young, el mundo posmoderno es un mundo fragmentado, de esta forma un discurso hegemónico puede lograr estabilizar por un momento el significado, configurando así en una “unidad fugaz” en que se articulen de un todo armónico un discurso ideológico hegemónico que a la vez identifique a su enemigo discursivo. Un contenido de la hegemonía es que se reconstituye a través de identificar un discurso opositor.

 

La articulación teórica de ideología política como hegemonía para el análisis discursivo de la política social

 

Uno de los avances teóricos importantes con respecto al concepto de hegemonía desde la perspectiva de la teoría del discurso postestructuralista de Ernesto Laclau, se debe a la filósofa política Aletta Norval (2010). De acuerdo con Aletta Norval, Laclau no deja bien definido la relación entre hegemonía y democracia. Es cierto que Laclau piensa en una democracia radical que inicia en el momento mismo de la entrada de lo político. No obstante, para Aletta Norval no queda claro como el concepto de hegemonía puede instituir precisamente las instituciones democráticas. En ese sentido desde la perspectiva de la teoría de decisiones de la democracia la filósofa política de Essex, indica que el concepto de hegemonía de Laclau se puede enriquecer si introducimos la noción de “indecidibilidad” de Jacques Derrida (Bates, 2005),  pues con ello se introduce una esfera normativa de responsabilidad y transparencia en la hegemonía de instituciones democráticas. Si se parte de este modelo normativo, entonces tendríamos una ideología política de hegemonía de instituciones democráticas y por consiguiente la configuración de una subjetividad democrática. Esta propuesta de Aletta Norval iría más allá del momento de lo político como lo concibe Ernesto Laclau. De esta manera las “identidades” y las “subjetividades” políticas no serían sólo producto de la contingencia de lo político, sino más bien de la institucionalidad democrática.

            Lo interesante de la propuesta de Aletta Norval es que la constitución de una subjetividad democrática, nos permitiría saber si el discurso ideológico que constituye un acto hegemónico tiene garantías de institucionalidad democrática, en cuyo campo discursivo entraría la responsabilidad y la transparencia ética de las instituciones. Como también ha observado Simon Critchley, la desconstrucción de hegemonía en el pensamiento de Laclau suponía una preocupación más por la acción política, como diría Laclau por la estrategia socialista, que por el entendimiento de la desconstrucción. Por tal motivo, en su trabajo Is There a Normative Deficit in the Theory of Hegemony? (2010), Simon Critchley expresa el mismo interés de investigación de Aletta Norval, dotar de un marco normativo al concepto de hegemonía para instaurar un modelo de democracia.

 Referencias bibliográficas

Althusser, Louis (1971) “Ideology and Ideological State Apparatuses. Notes Towards An Investigation” en Lenin and philosophy and Other Essays, traducción de Ben Brewster, New Left Books, New York.

Bates, David (2005), “Crisis between the Wars: Derrida and the Origins of Undecidability,” en Representations, No. 90, pp. 1-27.

Castoriadis, Cornelius (1995). “La cultura en una sociedad democrática,” en Vuelta, No. 218, pp. 8-12.

Chandler, David (2009) “The Global Ideology: Rethinking the Politics of the ‘Global Turn’ in IR,” Sagepub Journals Online, Vol. 23, No. 4, pp. 530-547.

Derrida, Jacques y Gayatri Chakravorty Spivak (1974), “Linguistics and Grammatology,” en SubStance, Vol. 4, No. 10, pp. 127-181.

Foucault, Michel (sin fecha) Nietzsche, Genealogy, History, Presses Universitaires de France.

Freeden, Michael (1998) Ideologies and Political Theory, Oxford, Great Britain, Oxford University.

Gerring, John (1997) “Ideology: A Definitional Analysis,” en Political Research Quarterly, Vol. 50, No. 4, pp. 957-994.

Gil Villegas, Francisco (1998) Los profetas y el Mesías. Lukács y Ortega como precursores de Heidegger en el Zeitgeist de la modernidad (1900-1929), Fondo de Cultura Económica, México.

Howarth, David (1994) “The Ideologies and Strategies of Resistance in Post-Sharpeville South Africa: Thoughts on Anthony Marx’s Lessons of Struggle,” en Africa Today, Vol. 41, No. 1, pp. 21-38.

Marion Young, Iris (2002). Inclusion and Democracy, Oxford University Press

Laclau, Ernesto (1978) Política e ideología en la teoría marxista: capitalismo, fascismo, populismo, Siglo Veintiuno, Madrid, España.

Laclau, Ernesto (1997) “The Death and Resurrection of the Theory of Ideology,” en MLN,  Vol. 112, No. 3, pp. 297-321.

Laclau, Ernesto (2005) “La razón populista”, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires.

Laclau, Ernesto (2006) “Ideology and post-Marxism,” en Journal of Political Ideologies, Vo. 11, No. 2, pp. 103-114.   

Laclau, Ernesto y Chantal Mouffe (2004) Hegemonía y estrategia socialista. Hacia una radicalización de la democracia, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires.

Norval, Aletta (2000) “The Things We Do with Words – Contemporary Approaches to the Analysis of Ideology,” en British Journal of Political Science, Vol.30, No. 2, pp. 313-346.

Román-Zozaya, Carolyn (2008) “Participant ideology: A new perspective on politicians and ideology,” en Journal of Political Ideologies, Vol. 13, No. 2, pp. 111-132.

Rorty, Richard M. (1967) The linguistic Turn: Recent Essays in Philosophical Method, The University Chicago Press, Chicago.

Thomassen, Lasse (2006). “The Inclusion of the Other? Habermas and the Paradox of Tolerance,” en Political Theory (34): 4, pp. 439-462. 

 

Fuentes electrónicas    

Howarth, David (2009). La teoría del discurso, 125-142. Extraído el 17 de noviembre de 2009 desde http://www.cholonautas.edu.pe/modulo/upload/Teoria%20del%20discurso.pdf

Laclau, Ernesto (2010) Philosophical roots of discourse theory. Universidad de Essex.

Norval, Aletta (2010) Hegemony after deconstruction: the consequences of undecidability. Extraído el 12 de enero de 2010 desde http://www.essex.ac.uk/centres/TheoStud/onlinepapers.asp

Critchley, Simon (2010) Is There a Normative Deficit in the Theory of Hegemony?. Extraído  el 12 de enero de 2010 desde http://www.essex.ac.uk/centres/TheoStud/onlinepapers.asp


* Doctorante en Investigación en Ciencias Sociales con especialidad en Ciencia Política, Flacso Sede México. * noehernandezcortez@gmail.com

[1] Esta idea de racionalidad se aparta en primera instancia de la razón geométrica del mainstream del rational choice de la escuela americana de ciencia política.

El análisis de la política pública como actividad hermenéutica, de John Dryzek

noviembre 5, 2010

El análisis de la política pública como actividad hermenéutica, de John Dryzek

 

Noé Hernández Cortez

noe.hernandezcortez@gmail.com

 

El punto de partida de la argumentación de John Dryzek en su paper que comentaré aquí, titulado Policy Analysis as a Hermeneutic Activity (1982) es la siguiente definición de análisis de política pública propuesta por Dunn:

“El análisis de la  política pública es una disciplina aplicada de las ciencias sociales la cual hace uso de múltiples métodos de investigación y de argumentos para producir y transformar información relevante de política pública que podría ser utilizada en agendas políticas para resolver problemas de política pública” (p.35).

 

De acuerdo con Dryzek, en esta definición de Dunn hay que tomar en cuenta la idea de que la resolución de problemas en política pública debe ser juzgada a partir de ciertos valores. (p. 311). Escribe Dryzek con respecto a la definición anterior:

“Los puntos claves, sobre la cual esta definición pone énfasis, son en que el análisis de política pública difiere de la ciencia social “pura” en que la información necesita ser transformada asi como producida, su uso en la agenda política no es una consideración secundaria, pero si un aspecto principal del análisis en sí mismo. Esta agenda en turno es definida por las orientaciones de los valores, las limitaciones sobre estos actores y la estructura de su razonamiento.

Aquí la inclinación epistemológica reconocerá ecos de la crítica fenomenológica del mainstream conductista en las ciencias sociales (ver, por ejemplo, Bernstein 1976: 115-169). La fenomenología ve a los individuos como agentes actuando en la búsqueda de sus propósitos en situaciones sociales específicas, como opuesta a los datos para la verificación de hipótesis acerca de relaciones causales en el interés de establecer una verificación empírica al cuerpo de la teoría. Las explicaciones fenomenológicas creen en el entendimiento de la lógica de la situación en la cual los individuos se encuentran en sí mismos. Los individuos son capaces de acción basados sobre el entendimiento de sus circunstancias en una vía en que los objetos de la naturaleza no lo son. La generalización en las ciencias sociales es una quimera, pues todas las situaciones son diferentes”. (p. 310).

 

Por otra parte, Dryzek realiza la distinción epistemológica clásica entre ciencias sociales y ciencias naturales. Las ciencias sociales estudian sujetos, individuos conscientes de sus acciones en contextos específicos. En cambio las ciencias naturales estudian “objetos” que no son conscientes de sí mismos.

Argumenta Dryzek:

“Buenos ejemplos de investigación de estilo fenomenológico en la investigación social son los trabajos de Moynihan (1965; ver también Fischer, 1980, p. 137) y Bandfield (1970) sobre la raza y la pobreza, y Schuman (1982) sobre la educación superior. Moynihan y Banfield ofrecen reconstrucciones imaginativas sobre la situación de vida en el ghetto dwellers. Schuman busca construir un entendimiento de las funciones y significado de la educación superior desde la perspectiva de los sujetos como individuos. Ya sea que estas reconstrucciones sean correctas o equivocadas, ellas penetran en un nivel de entendimiento imposible en la investigación conductista ordinaria”. (p. 311).

 

Y continúa en su argumentación,

 

“La crítica fenomenológica de las ciencias sociales se aplica a posteriori al análisis de la política pública, la cual no debería solamente buscar un entendimiento del mundo social y político sino que en su aplicación debería hacer conexión con el mundo para prestar atención sobre los hacedores de política pública.” (p. 311)[1]

Dryzek identifica seis modelos de análisis de política pública a los que también define como tipos ideales. Los modelos de examen de política pública que identifica son los siguientes:

1)      Evaluación de política pública.

2)      Promoción de política pública.

3)      Marco único de referencia de política pública.

4)      Marco de análisis de política pública propuesta por la teoría de la elección social.

5)      Análisis de la política pública desde la filosofía moral

6)      Análisis de política pública como actividad hermenéutica

Dryzek lo que propone en este trabajo académico es argumentar la capacidad de análisis del modelo de análisis de la política pública como actividad hermenéutica. En lo sucesivo presento sus argumentos principales sobre este modelo. Un argumento que hay que señalar en este tema es que esta tradición parte de una crítica a la racionalidad instrumental y que su teoría del discurso fundamenta su modelo normativo de análisis de política pública:

 

“La fenomenología nos abandona en un abismo relativista cuando llega a la identificación de un cambio positivo. Entonces retornamos a la hermenéutica. La hermenéutica participa de la fenomenología en su crítica al conductismo en las ciencias sociales, pero difiere de la fenomenología en que es una actividad creativa y evaluativa. El análisis hermenéutico de la política pública puede ser definido como la evaluación de las condiciones existentes y la exploración de alternativas a ellas, en términos de criterio deriva desde un entendimiento de las mejores condiciones posibles, a través del intercambio entre los marcos de referencia de analistas y actores”. (p. 322)

“Para usar la terminología de la escuela de Frankfurt de la teoría crítica, el análisis de la política pública es ciertamente una disciplina emancipadora por excelencia. Un interés cognitivo emancipatorio es el que se esfuerza para mejorar la existencia humana a través de la construcción de la conciencia de que son las leyes de las ciencias sociales – relaciones ideológicas frías de dependencia (Habermas, 1971, p. 310). El psicoanálisis es el modelo emancipatorio de la disciplina: los individuos son confrontados con el conocimiento y forzados a la autoreflexión. El psicoanálisis utiliza un entendimiento hermenéutico (en la búsqueda del significado de las verbalizaciones) y explicación “técnica” de las causas de la supresión de la experiencia, pero estas están unidas e impulsadas por un impulso emancipatorio que busca la libertad del paciente desde fuerzas que están fuera de su control consciente (Giddens, 1976, p. 60). Esta es una analogía especialmente apropiada para el análisis de la política pública que está impulsada por un deseo de mejoramiento real, que debería ser contextual, y el cual posee un conjunto de instrumental técnico para determinar las causas y relaciones de efectos (por ejemplo, el desempeño de alternativas de políticas públicas de acuerdo con algún modelo estándar).

            A la luz de lo anterior, una pieza de análisis de la política pública debería proponerse una dialéctica entre analistas de política pública y actores. Ética y valores deberán ser una parte de esto, no tomarlo como algo dado, sino tratado para ser razonado y ajustarlo como un resultado del discurso (Ver Fischer, 1980). Un problema de la política pública o dilema de hecho provee un contexto ideal para la reflexión sobre los valores y la moral colectiva, lo cual uno debería esperar que esto estuviera en un estado de fluidez más que estático o predeterminado. Como Wildavsky (1979a, pp. 41-61) reconoce, los objetivos son fluidos, y están totalmente desarrollados fuera del trabajo de la política pública o el programa (él se refiere al “retiro estratégico sobre objetivos”). Aun cuando los filósofos morales no postulen que los principios morales son absolutos; en lugar de ello estos principios pueden estar en un “equilibrio reflexivo” con la experiencia del mundo real y las intuiciones (Rawls, 1951).

            La imagen de la  hermenéutica es un discurso y dialéctica más que instrumental, acción propositiva; sin embargo el conocimiento instrumental – la substancia del modelo de evaluación de la política pública- es necesario para generar ideas de política pública como parte del discurso. Aquí es donde la disciplina de marcos de referencia de los científicos sociales puede jugar un papel importante. El analista debería intentar buscar un entendimiento de los problemas prácticos y marcos de referencia de los actores y hacedores de políticas públicas, en el cual simultáneamente sean capaces de criticar las prácticas en la que los actores están acoplados. El discurso efectivo implica que el analista tiene algo que dar a estos problemas”. (p. 322-323). 

 

Dryzek propone específicamente dos puntos para el analista que sigue el modelo hermenéutico de análisis de política pública, a saber: La ética y la teoría normativa. Al respecto escribe Dryzek:

 

“Las bases normativas del status quo en el proceso de decisión – esto es, los valores e intereses representados en el régimen existente y proceso de política pública. En el caso de la política social, esto debería también incluir valores que son constitutivos de la situación social más generalmente. El analista debería planear una confrontación entre los marcos éticos y las bases valorativas efectivas de la existencia de las practicas por imponer el status quo en términos de estos marcos de referencia” (p.323).

 

Una nota importante que indica Dryzek en su trabajo es que el analista en política pública debe distinguir entre los siguientes modelos:

  • Modelo de promoción de la política pública: intereses estratégicos de un actor
  • Modelo de análisis de la política pública como actividad hermenéutica: posiciones morales.

La propuesta de Dryzek no se debe considerar que prescriba un anarquismo metodológico, sino más bien un recorte de la realidad, pues ningún paradigma tiene una comprensión total del mundo. Lo argumentación expuesta aquí reconoce que los casos de análisis de política pública siempre son diferentes. Como Wildavsky propone el análisis de política pública es un “arte” y “oficio” más que un conjunto de técnicas definidas de antemano (Dryzek, 1982: 324). Por ello es importante contextualizar el análisis de la política pública. Siguiendo a Thomas Kuhn, Dryzek nos recuerda que la imposición de un paradigma científico en política pública tiene como propósito ser el marco de referencia para analizar los problemas de política pública. De ahí el sentido de los esfuerzos de la Escuela de Frankfurt para establecer la crítica en las ciencias sociales, y en particular en la política pública pues esta tiene como propósito “la realización de la dignidad humana en la teoría y en los hechos” (p. 326).

 


[1] Esta idea de que la fenomenología no sólo debe prestar atención al entendimiento del mundo social y político, por extensión se puede decir lo mismo de la teoría del discurso de Ernesto Laclau, en el sentido de que su teoría del discurso no sólo debe aplicarse a la comprensión del populismo o movimientos sociales sino también a la comprensión de la política pública en lo general y en lo particular a la ideología de la política pública. (Nota mía). Ver: Ernesto Laclau, La Razón Populista (2005), Buenos Aires: FCE.

EN DOCUMENTO: El análisis de la política pública como hermeneutica, de Dryzek

Sanford F. Schram

noviembre 3, 2010

Sanford F. Schram

Sanford F. Schram es profesor de Teoría Social y Política Social en el Graduate School of Social Work and Social Research at Bryan Mawr College. Sus estudios que me interesan destacar aquí son dos papers uno titulado Postmodern Policy Analysis: Discourse and identity in Welfare Policy , en donde a partir de las ideas fundamentales del posmodernismo como es la crítica de los esencialismos, propone el estudio de la política social como una construcción social a partir de la constitución discursiva de las identidades y subjetividades políticas. Lo anterior le ha permitido explorar las identidades de la raza y la constitución identitaria de las madres en extrema pobreza en Estados Unidos.

Una reseña interesante de Sanford F. Schram es Return to Politics: Perestroika and Postparadigmatic Political Science en donde defiende una ciencia política plural y diversa en el aspecto metodológico. El reino de la ciencia política de constatación de teorías generales a partir del análisis de n casos es insuficiente de acuerdo con este autor. Se pueden bajar libremente algunos papers de este autor aquí. Schram es autor del libro Welfare Discipline. Discourse, Governance and Globalization , libro indispensable en el análisis de la política social y el Estado de Bienestar desde el enfoque del discurso de la  filosofía política posmoderna.

Recordando el manual de filosofía…

septiembre 13, 2010

Recordando el manual de filosofía…

 

Habermas: validez, facticidad, discurso y derechos civiles.

septiembre 5, 2010

Habermas: validez, facticidad, discurso y derechos civiles.

 

Por Noé Hernández Cortez

 

a) La tensión entre validez y facticidad es un problema del iusnaturalismo tratada por Emmanuel Kant y Hans Kelsen. Me parece que Kelsen al igual que Kant intentaron distender la tensión entre validez y facticidad desde la razón práctica (la razón entendida bajo el criterio del siglo XVIII: atribuida a un sujeto). Habermas considera el mismo problema desde la “razón comunicativa” (armoniza a través del lenguaje la razón práctica y la práctica social). Así, la tensión entre validez y facticidad radica en que un individuo se ve sujeto a un acto coercitivo (facticidad) para cumplir una norma jurídica establecida (validez). Sin embargo, ¿Cómo conciliar entre la libertad del individuo (autonomía) y la aceptación de una norma jurídica (heterenomía)? Puesto en otros términos ¿Cómo conciliar la validez de una norma jurídica (legitimidad) y la facticidad (legalidad)? La salida que le da Habermas es que la norma jurídica sea aceptada por los individuos no por la fuerza (coerción), sino por “el reconocimiento racionalmente motivado de sus destinatarios” (moral). Como consecuencia tendremos un orden normativo aceptado por todos que motive la integración social. En palabras de Habermas: “…una <<conciliación>> del arbitrio de cada uno con el arbitrio de todos los demás, es decir, la integración social, sólo es posible sobre la base de reglas normativamente válidas, que desde un punto de vista moral – <<conforme a una ley general de la libertad>> – merezcan el reconocimiento no coercitivo, es decir, el reconocimiento racionalmente motivado de sus destinatarios. Si bien las pretensiones fundadas en derechos van asociadas con facultades de ejercer coerción, han de poder ser seguidas también en todo momento por la pretensión normativa de validez que le es inherente, es decir, por <<respeto a la ley>>”.

 

b) Por medio del “principio del discurso” se canalizan normas jurídicas que deben ser aceptadas por todos por ser producto del “consenso”, es decir, son normas producto del entendimiento entre ciudadanos (acción comunicativa). De esta manera el “principio del discurso” se convierte en el “discurso democrático”, es por medio del “discurso democrático” en donde se generan los derechos civiles y políticos de la ciudadanía. Como apunta Habermas: “…la idea decisiva es que el principio democrático se debe al entrelazamiento del principio del discurso con la forma jurídica. Este entrelazamiento lo entiendo como una génesis lógica de derechos, que puede reconstruirse paso a paso…De ahí que el principio democrático sólo pueda aparecer como núcleo de un sistema de derechos. La génesis lógica de estos derechos constituye entonces un proceso circular o movimiento circular, en el que el código que es el derecho y el mecanismo para la generación de derecho legítimo, es decir, el principio democrático se constituyen cooriginalmente”.

 

c) Los derechos civiles y políticos de la ciudadanía toman forma solo dentro del Estado constitucional del derecho. Justamente, para darle forma a esos derechos, en el plano normativo Habermas argumenta: “los derechos de participación política remiten a la institucionalización jurídica de una formación pública de la opinión y la voluntad ha de efectuarse en formas de comunicación que hagan valer el principio del discurso, como ahora vemos, en un doble aspecto. Éste tiene, en primer lugar, el sentido cognitivo de filtrar de tal suerte contribuciones y temas, razones e informaciones, que los resultados alcanzados tengan a su favor la presunción de aceptabilidad racional; el procedimiento democrático ha de fundar o fundamentar la legitimidad del derecho. Pero el carácter discursivo de la formación y la voluntad en el espacio público político y en los órganos parlamentarios tiene también el sentido práctico de establecer relaciones de entendimiento que vengan <<exentas de violencia>> en el sentido de H. Arendt y desencadenen la fuerza productiva que la libertad comunicativa representa…”.  

En documento: Habermas. Validez, facticidad, discurso y derechos civiles.

 

México, 05.09.10

Instituciones políticas y políticas públicas: Gary Cox, McCubbins, Matthew S. Shugart y S. Haggard

septiembre 5, 2010

Instituciones políticas y políticas públicas: Gary Cox, McCubbins, Matthew S. Shugart y S. Haggard

 

 

Por Noé Hernández Cortez

 

La reflexión en torno al papel que juegan las instituciones como variables que explican el comportamiento a partir de los incentivos que motivan en lo actores políticos, encontramos los modelos de Gary Cox y McCubbins. De lo que se trata de fundamentar es cómo el ideal normativo de Madison de la soberanía popular se cumple en las instituciones democráticas.

 

Gary Cox y Mathew D. McCubbins introducen en sus estudios la variable “jugadores con veto” de Tsebelis para indicar la diversidad o la unión de propósitos en la agenda de políticas públicas, recordemos que para Tsebelis los jugadores con veto pueden ser los actores políticos propiamente (capacidad de veto individual), o bien un colectivo (Por ejemplo: capacidad de veto del partido político). Asimismo, a los autores también les importa la división de poderes.

 

Dentro del diseño institucional Cox y McCubbins encuentra las siguientes divisiones de ejercicios del poder, esto es: dentro del régimen presidencial encontramos el poder ejecutivo y el poder legislativo; en la teoría del federalismo encontramos los distintos niveles de gobierno, por ejemplo en el caso mexicano tenemos el nivel federal, nivel estatal y nivel municipal; el sistema bicameral que divide al congreso en dos cámaras; el estatus de la revisión judicial que de acuerdo con el derecho se divide entre la aplicación y la interpretación por parte del legislativo; por último tenemos lo que podríamos llamar una anomalía de diseño constitucional que son los regímenes de excepción, como lo fue la Junta Militar durante la dictadura chilena.

 

Finalmente, a mayor número de jugadores de veto tenemos una mayor división de propósitos para implementar de forma eficaz políticas públicas, lo deseable sería reducir el número de jugadores de veto.

 

Matthew Soberg Shugart y Stephan Haggard estudian en su ensayo Institutions and Public Policy Presidential Systems el diseño institucional presidencial y su relación con la eficacia en las políticas públicas. En primer lugar los autores afirman que desde su origen tanto el ejecutivo y el legislativo están divididos, pues, ambos poderes son electos de forma separada (Shugart y Haggard, 2001:64). El propio diseño institucional del presidencialismo empezando por el sistema electoral tiene como consecuencia que exista una separación de propósitos. Mientras que el ejecutivo piensa en los grandes temas nacionales, los legisladores piensan en los temas que afectan al distrito que representan.

 

También estos autores introducen a su explicación la teoría de los jugadores con veto de Tsebelis. Al respecto comentaremos los resultados empíricos que explican que tanto poder tiene el presidente a partir de sus poderes con veto.

 

Tabla 1An Index of Presidencial Powers over Legislation[1]

Package veto
0 No veto, or override by majority
1 No veto on spending, but veto with extraordinary majority override on other bills
2 Veto with extraordinary majority override on all bills.
Item veto (with promulgation of vetoed items permitted
0 No item veto
1 Item veto on some bills (usually spending), extraordinary majority override
2 Item veto on all bills, extraordinary majority override
Decree (new legislation, absent prior delegation)
0 No provision
2 Provided
Exclusive authority to introduce bills in specified policy areas
0 No provision, or applies only to budget bill with no major restrictions on amendment
1 Provided also in nonbudgetary bills, but no major restrictions on amendment
2 Provided major restrictions on amendment (such as inability to increase spending on items)

 

De acuerdo con este índice, los resultados empíricos que obtienen Matthew Soberg Shugart y Stephan Haggard es que en Argentina el presidente tiene un fuerte poder de veto alcanzando un puntaje de 6, en cambio en Costa Rica en donde el legislativo es unicameral y por lo tanto tiene unidad de propósitos alcanza un puntaje de 1. México también alcanza un puntaje de 1  dentro de este índice y como sabemos hay una estructura bicameral en el Congreso.

En los estudios empíricos de Matthew Soberg Shugart y Stephan Haggard encontramos una comparación bidimensional entre la tendencia para promover la separación de propósitos y el potencial reactivo o proactivo del ejecutivo. En el potencial reactivo se desea el statu quo y en el potencial proactivo se intenta cambiar el statu quo. Por ejemplo, siguiendo con los casos anteriores Argentina alcanza muy alto en la tendencia a promover la separación de propósitos y un nivel alto en el potencial dominante (reactivo o proactivo). Costa Rica un nivel bajo en la promoción de separación de propósitos y un potencial marginal nada reactivo o proactivo. México tiene un alto nivel de división de propósitos y un potencial marginal al igual que Costa Rica. Como podemos observar México que es más cercano a nosotros el diagnóstico no está alejado de la realidad.

 

Por último, para los autores el diseño institucional centrado en la división de propósitos a partir de los incentivos que reciben los jugadores de veto tiene como consecuencia la calidad de las políticas públicas.

 

Referencias bibliográficas

Cox, Gary y Mathew D. McCubbins. 2001. “The Institutional Determinants of Economic Policy Outcomes”. Editado por Stephan Haggard y Mathew D. McCubbins. Cambridge: Cambridge University Press, pp. 21-63.

 

Shugart, Matthew Soberg y Stephan Haggard. 2001. “Institutions and Public Policy in Presidential Systems.” Presidents Parliaments and Policy. Editado por Stephan Haggard y Mathew D. McCubbins. Cambridge: Cambridge University Press. pp. 64- 104.

                              

Tsebelis, George. 1995. “Decision Making in Political Systems: Veto Players in Presidentialism, Parliamentarism, Multicameralism and Multipartysm.” British Journal of Political Science. Vol.25, núm. 3, pp. 289-325.

 

 

            México, a 05 de septiembre de 2010

 En documento: Instituciones políticas y políticas públicas


[1] Shugart, Mattew Soberg y Stephan Haggard. Presidentialism and Democracy in Latin America, Cambridge, Cambridge University Press, 2001. p.80

Partidos y sistemas de partidos: Duverger, Lipset, Rokkan, Sartori y Gary W. Cox

septiembre 5, 2010

Partidos y sistemas de partidos: Duverger, Lipset, Rokkan, Sartori y Gary W. Cox

 

Por Noé Hernández Cortez

 

Iniciemos con la definición clásica de partido político que formuló Sartori. En su distinción entre facción y partido, Sartori le da a este último concepto una definición más moderna. En primer lugar, Sartori distingue entre sistemas políticos competitivos y sistemas políticos no competitivos. Bajo esta distinción nos dice Sartori que un partido político es aquella agrupación política que busca el poder a través de elecciones libres dentro de un sistema competitivo. Cabe señalar que en los sistemas no competitivos entran los partidos totalitarios y hegemónicos que no son propios del ideal de democracia.

 

En un texto clásico de sociología política tanto Lipset como Rokkan explican con el paradigma de sociedad de Talcott Parsons que en función de las divisiones sociales encontramos la estructuración de los sistemas de partidos. De acuerdo con los ejes de distribución de recursos y de creencias ideológicas se puede entender la distribución de poder y por lo tanto de la formación de los partidos políticos. Por ejemplo el PRI antes del 2000 como tenía los recursos económicos podía diseñar un partido corporativo articulando de forma hegemónica al sector campesino, obrero y empresarial.

 

Por otra parte, Duverger señala que el sistema mayoritario y el sistema proporcional determina en cierto sentido la vida política, y dentro de esta vida política se encuentran los partidos políticos. Podemos aseverar que en los sistemas mayoritarios los partidos políticos generan una estructura más rígida e insensible con respecto a la opinión pública; así en el sistema de representación proporcional los partidos políticos son más sensibles con respecto a la opinión pública. Por ejemplo, durante el Porfiriato el Grupo de los Científicos que definían la política del gobierno (hay que recordar que había elecciones) y operaban como el partido político mayoritario al servicio de los intereses de un la élite. Esta situación los volvió insensibles y rígidos frente a la opinión pública de los críticos del régimen y de los ciudadanos.

 

Neto y Cox parten de los trabajos teóricos de Duverger, y de Lipset y Rokkan, consideran que en el congreso debe haber un número efectivo de partidos que representen la diversidad de la sociedad y por otro lado, que en un sistema electoral fuerte se busca reducir el número de partidos.       Me parece que el trabajo de Neto y Cox busca un modelo que tenga una mayor capacidad explicativa con menos variables de esta manera si revisamos los modelos 3, 4 y 5 (Neto y Cox:1997: 164) encontraremos que en el modelo 3 su valor significativo de explicación es de .639, en cambio el modelo 4 tiene un valor significativo de explicación de .679, por otra parte el modelo 5 al cual se le quitan las variables que técnicamente se les conoce como UPPER[1] y ENETH[2] arroja un mayor valor significativo de explicación de .686. Los autores concluyen que la relación entre los clivajes sociales (Lipset y Rokkan) y los partidos políticos (Duverger) establecen una relación multiplicativa.

 

Una lección de Sartori es que hay que pensar bien para contar bien los partidos políticos. Sartori realiza una clasificación por extensión de los sistemas de partidos, a saber: Sistema de partidos no competitivos y sistema de partidos competitivos. En los sistemas de partidos no competitivos entran los partidos únicos y hegemónicos. En los sistemas de partidos competitivos entran los partidos predominantes, bipartidismo, pluralismo limitado y pluralismo extremo. Sartori señala que las distancias ideológicas marcan el grado de polarización entre partidos, de esta manera indica que el bipartidismo de los Estados Unidos es una anomalía y que en los sistemas multipartidista las distancias ideológicas producen un gran grado de polarización.

 

Referencias bibliográficas

Duverger, Maurice. 2003. “La influencia de los sistemas electorales en la vida política.” Diez textos básicos de ciencia política. Barcelona: Ariel.

 

Lipset, Seymour Martin y Stein Rokkan. 2003. “Estructuras de división, sistemas de partidos y alineamientos electorales.” Diez textos básicos de ciencia política. Barcelona: Ariel.

 

Neto, Octavio Amorim y Gary W. Cox. 1997. “Electoral Institutions, Cleavage Structures, and the Number of Parties.” American Journal of Political Science. Vol. 49, núm. 1, pp. 149-171.

 

Sartori, Giovanni. 2005. Partidos y sistemas de partidos. España: Alianza Editorial.

 

México, a 05 de septiembre de 2010

 


[1]UPPER, significa el porcentaje de escaños en el Congreso del distrito básico

[2] ENETH, significa la variable de clivaje

En documento: Partidos y sistemas de partidos