Posts Tagged ‘Carlos Fuentes’

Jesús Silva-Herzog Márquez sobre Enrique Peña Nieto: ideas, autores y política

enero 9, 2012

Fotografía: Isaiah Berlin, Stanford Encyclopedia Of Philosophy

 

Jesús Silva-Herzog Márquez, lector atento del historiador de las ideas  Isaiah Berlin, nos entrega un post interesante sobre la carencia de ideas del candidato Enrique Peña Nieto. Escribe Jesús en su blog: “Enrique Peña Nieto es un frasco sin etiqueta porque carece de contenido propio. Puede ser garrafón de gasolina, una olla de sopa vieja o una botella de cocacola. Peña Nieto será lo que otros viertan en el recipiente. Es un envase, un frasco vacío […]” Para algunos críticos en México el político mexiquense puede tener o no ideas, eso no es lo relevante, dicen. Sin embargo, nos argumenta Jesús Silva-Herzog Márquez que lo sustancial  radica en las consecuencias – más allá de olvidar autores y títulos- que puede tener en una toma de decisión cuando no se tienen ideas, pues, agregaría, las ideas son una guía para ponderar cuestiones vitales del mundo político. Cuando en México algunos críticos pasaron por alto este hecho, Jesús Silva-Herzog Márquez, al igual que Carlos Fuentes, han señalado la gravedad del asunto.

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Aura de Carlos Fuentes

julio 6, 2010

Aura de Carlos Fuentes

 

“…esa superticiosa y vana costumbre de buscar sentido en los libros equiparable

a la de buscarlo en los sueños o en las líneas caóticas de la mano”.

Jorge Luis Borges.

 

Noé Hernández Cortez

 

Me parece que la pregunta ¿Qué es “Aura”? es central para analizar el motivo sobre el cual gira la trama del relato. Esta primera pregunta nos lleva a pensar y sentir a Aura como el personaje problemático que es: silenciosa, sensual, impredecible, hermosa, frágil, piel de luna, melancólica, esto es Aura desde la mirada de Felipe Montero. Así, a la pregunta ¿Qué es “Aura”? podemos decir que “Aura” es el objeto de deseo del joven historiador Felipe Montero:

 

Te moverás unos pasos para que la luz de las veladoras no te ciegue. La muchacha mantiene los ojos cerrados, las manos cruzadas sobre un muslo: no te mira. Abre los ojos poco a poco, como si temiera los fulgores de la recámara. Al fin, podrás ver esos ojos de mar que fluyen, se hacen espuma, vuelven a la calma verde, vuelven a inflamarse como una ola: tú los ves y te repites que no es cierto, que son unos hermosos ojos verdes idénticos a todos los hermosos ojos verdes que has conocido o podrás conocer. Sin embargo, no te engañas: esos ojos fluyen, se transforman, como si te ofrecieran un paisaje que sola tu puedes adivinar y desear.[1]

 

En este fragmento sentimos a “Aura” como parte de nosotros por el uso de la segunda persona en la inflexión verbal del modo indicativo, esto es, somos lector-personaje a través de Felipe Montero. Sin embargo, también se puede aceptar una segunda lectura y pensar que “Aura” cobra vida sólo frente a Felipe Montero, jugando aquí nosotros el simple papel de lectores.

 

Para el joven historiador “Aura” es una frágil mujer que vive prisionera por la vieja Consuelo. Aquí se concibe a “Aura” como reflejo de la decadente Consuelo, pero ello es posible no porque lo desee “Aura”, sino porque la quebrantable y lejana “Aura” es víctima de esa mujer que vive en penumbras, tal parece que esta percepción de Felipe Montero hace alusión a su sensato sentido común:

 

Solo, te sirves el café que también ha estado allí desde el principio del almuerzo, el café frío que bebes a sorbos mientras frunces el ceño y te preguntas si la señora no poseerá una fuerza secreta sobre la muchacha, si la muchacha, tu hermosa Aura vestida de verde, no estará encerrada contra su voluntad en esta casa vieja, sombría. Le sería, sin embargo, tan fácil escapar mientras la anciana dormita en su cuarto oscuro. Y no pasas por alto el camino que se abre en tu imaginación: quizás Aura espera que tú la salves de las cadenas que, por alguna razón oculta, le ha impuesto esta vieja caprichosa y desequilibrada. Recuerdas a Aura minutos antes, inanimada, embrutecida por el terror: incapaz de hablar enfrente de la tirana, moviendo los labios en silencio, como si en silencio te implorara su libertad, prisionera al grado de imitar todos los movimientos de la señora Consuelo, como si solo lo que hiciera la vieja le fuese permitido a la jove. [2]

                                                                                 

Ahora abordemos la pregunta ¿Quién es Aura? Me parece que es prudente iniciar por bordear esta pregunta siendo atentos a que el nombre Aura ya no esta entre comillas como sucede en la primera pregunta: ¿Cuál es la razón de esta situación de sentido? Una respuesta tentativa, y en ello me adelanto al argumento de este texto, es que la pregunta ¿Qué es “Aura”? responde al objeto de deseo del joven historiador Felipe Montero y la pregunta ¿Quién es Aura? responde al fantasma de Consuelo que reencarna en Aura y no en la “Aura” que percibe el joven historiador, además he insistido en escribir “el joven historiador” para no confundirlo con el fantasma que posee su cuerpo joven y viril: el general Llorente.

 

¿Quién es Aura? se nos presenta por primera ocasión en los sueños de Felipe Montero. Es un fantasma que se deja sentir primero a través de los sueños y más tarde hace presencia física por medio de la sensualidad de Aura-Consuelo ante Montero-Llorente:

 

Realizas un esfuerzo para seguir revisando los papeles. Cansado, te desvistes lentamente, caes en el lecho, te duermes pronto y por primera vez en muchos años sueñas, sueñas una sola cosa, sueñas esa mano descarnada que avanza hacia ti con la campana en la mano, gritando que te alejes, que se alejen todos, y cuando el rostro de ojos vaciados se acerca al tuyo, despiertas con un grito mudo, sudando, y sientes esas manos que acarician tu rostro y tu pelo, esos labios que murmuran con la voz mas baja, te consuelan, te piden calma y cariño. Alargas tus propias manos para encontrar el otro cuerpo, desnudo, que entonces agitara levemente el llavín que tú reconoces, y con el a la mujer que se recuesta encima de ti, te besa, te recorre el cuerpo entero con besos. No puedes verla en la oscuridad de la noche sin estrellas, pero hueles en su pelo el perfume de las plantas del patio, sientes en sus brazos la piel más suave y ansiosa, tocas en sus senos la flor entrelazada de las venas sensibles, vuelves a besarla y no le pides palabras… “Eres mi esposo”. Tu asientes…[3]

 

Así, Aura-Consuelo es sustancia de los sueños de Montero-Llorente – Montero quien deja de ser “el joven historiador” en que tanto he insistido–  provocando en él una perturbación llena de sensualidad y reconociendo en Aura-Consuelo a su eterno amor.

 

El éxtasis en donde se reencuentran amorosamente Consuelo y el general Llorente por medio de la “memoria de la juventud, la memoria encarnada”, lo leemos al final del relato:

 

Acercarás tus labios a la cabeza reclinada junto a la tuya, acariciaras otra vez el pelo largo de Aura: tomarás violentamente a la mujer endeble por los hombros, sin escuchar su queja aguda; le arrancarás la bata de tafeta, la abrazarás, la sentirás, desnuda, pequeña y perdida en tu abrazo, sin fuerzas, no harás caso de su resistencia gemida, de su llanto impotente, besarás la piel del rostro sin pensar, sin distinguir: tocarás esos senos flácidos cuando la luz penetre suavemente y te obligue a apartar la cara, buscar la rendija del muro por donde comienza a entrar la luz de luna, ese resquicio abierto por los ratones, ese ojo de la pared que deja filtrar la luz plateada que cae sobre el pelo blanco de Aura, sobre el rostro desgajado, compuesto de capas de cebolla, pálido, seco y arrugado como una ciruela cocida: apartarás tus labios sin carne que has estado besando, de las encías sin dientes que se abren ante ti: veras bajo la luz de la luna el cuerpo desnudo de la vieja, de la señora Consuelo, flojo, rasgado, pequeño y antiguo, temblando ligeramente porque tu lo tocas, tu lo amas, tu has regresado también…[4]

 

Esta frase última “tú has regresado también…” es de una fuerza conmovedora que nos permite intuir de inmediato la presencia de el general Llorente a través del cuerpo jovial de Montero.

 

En suma, podemos divagar que las preguntas ¿Qué es “Aura”? y ¿Quién es Aura? nos permiten hacer dos lecturas en dos registros: “Aura” como el objeto de deseo del joven historiador  Felipe Montero y Aura como Aura-Consuelo que se reencuentra con Montero-Llorente. Dualidad de dos parejas que se reconcilian en la unidad del acto amoroso.

 

México, 06.06.10

 


[1] Fuentes, Carlos. Aura. México, Era, 2001. p. 12

[2] Ibid. p. 26

[3] Ibid. pp. 27-28

[4] Ibid. p.49

Aquí mi texto: AURA de Carlos Fuentes

Carlos Fuentes: Adán en Edén

mayo 23, 2010

Carlos Fuentes: Adán en Edén

 

Carlos Fuentes opina sobre la situación política del país durante la presentación de su novela Adán en Edén. Sobre la nueva novela de Fuentes, Fernando García Ramírez escribe lapidariamente: “No es el libro de un autor sabio que ofrezca salidas o reflexiones sobre la vida. Se trata tan sólo de Fuentes, de Carlos Fuentes, autor de Adán en Edén, apartado XII, casillero 4.” (Letras Libres, mayo, 2010)