Flaubert, tedio y Globovisión.

noviembre 24, 2010

Fuente: Revista Literal

Noé Hernández Cortez

En una bellísima edición la Revista Literal publicó en su número de invierno del 2007  un conjunto de ensayos sobre el tema de la anatomía del tedio: las correspondencias entre el tedio y el arte, la política y la estupidez en las democracias. Estupidez que en la semántica de Gustave Flaubert significa la aceptación masificada al unísono del lugar común. Yvon Grenier en su ensayo Tedio democrático nos recuerda la memorable novela de Goncharov Oblomov (1849) exposición de la anatomía del tedio que raya en la apatía más sumisa, la inimaginable pérdida de la voluntad. Aquí el voluntarismo de Nietzsche palidece frente al personaje Oblomov.

Escribe Yvon Grenier: “[…] hay dos políticas: por un lado, la política como utopía y sacrificio y, por el otro, la política pragmática y pacífica. La primera es seductora, apasionante, pero a menudo destructora; la segunda es menos encantadora pero más sensata” (Grenier, Literal, 2007). Sí, como he escrito en otro lugar, la búsqueda de la utopía de Hugo Chávez es seductura, pero aplastante en la vida cotidiana. Es una aplanadora que arrasa hasta con el tedio inherente a  la democracia, es decir, la estupidez en el sentido flaubertiano del término: el lugar común masificado que vemos adueñarse de manera sistemática de los programas de televisión.

Después de una jornada de trabajo estando en Venezuela -debo confesarlo- deseaba participar del tedio de algún programa de la televisión local venezolana y me encontraba con la escalada de programas del oficialismo. Mexicano asiduo a la estupidez -insisto en el sentido de Flaubert- de la televisión mexicana, debo aceptar que llegué a extrañarla. Comprendí cabalmente lo que Yvon Grenier quiso expresar en su ensayo Tedio democrático: en la plaza pública de la democracia todos participan, así sea desde la estupidez que genera el tedio. En Caracas el único canal del tedio democrático lo representa Globovisión, jamás me imaginé escribiendo el nombre de una televisora, pero a la distancia, ya desde México, debo admitir que Globovisión me dio ese reposo de tener fija la mirada frente a una pantalla que expresaba algo distinto a la propaganda política bolivariana. Ahora el Ejecutivo venezolano quiere silenciar a Globovisión y con razones de peso la unidad democrática protesta frente a la OEA. Sí, Globovisión tiene una programación de tedio, pero necesaria en una democracia que reconoce la pluralidad de voces. Y eso debe entenderlo el Ejecutivo venezolano.

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