Ernesto Laclau y la constitución de la utopía

agosto 25, 2010

Ernesto Laclau y la constitución de la utopía

 

 

 

Noé Hernández Cortez*

Introducción

 

El presente ensayo busca explorar la constitución de la utopía en el imaginario político de la teoría del discurso de Ernesto Laclau. El romanticismo político de Marx consideraba a la utopía como el alcance de la plenitud social en la comunidad política, proyecto político que radicaba en la emancipación de la clase proletaria, dando paso a una sociedad reconciliada. La idea universalista de una clase reconciliada en la sociedad utópica de Marx, se viene abajo con la nueva lectura de la modernidad: los significados culturales totales estallan en la nueva lectura de un mundo fragmentado, dando paso el universalismo al particularismo. La teoría del discurso de Laclau es una ontología social producto de la analogía entre discurso y la lectura del mundo social fragmentado de la modernidad. Modernidad fragmentada que persiste en la búsqueda de la totalidad social a través de la comunidad política.

El Romanticismo alemán y la fragmentación del mundo

 

Es 1985 y en el horizonte del pensamiento marxista europeo aparece el libro de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, Hegemonía y estrategia socialista. Hacia una radicalización de la democracia, en el título se lee el registro de la gramática política de Gramsci. Un libro que es un manifiesto de estrategia socialista para el pensamiento marxista, que eufemísticamente se ha ubicado el contenido político de este libro como postmarxista. Quiero hablar de esta obra principalmente como heredera de una lectura muy singular de la modernidad, en donde se puede encontrar una analogía entre la noción de articulación en la teoría del discurso de Laclau y Mouffe y la mirada filosófica de un mundo fragmentado, que inicia a cobrar conciencia en el movimiento poético alemán del Sturm und Drang en el siglo XVIII.

La lectura de la modernidad de Laclau y Mouffe como fragmentación de la unidad del cosmos en la ciencia y posteriormente en el pensamiento social es muy semejante a la lectura de la modernidad como el paso de la unidad a la pluralidad de Octavio Paz. La unidad de la Edad Media tiene como referente a la Eternidad, Dios. Es un mundo cerrado y perfecto que los místicos alcanzan a través de la plenitud del Ser en su reconciliación con Dios. En su memorable ensayo La búsqueda del presente (1991) Paz traza esta lectura “…la tradición filosófica pagana y cristiana había exaltado al Ser, plenitud henchida, perfección que no cambia nunca; nosotros adoramos el Cambio, motor del progreso y modelo de nuestras sociedades. El cambio tiene dos modos privilegiados de manifestación: la evolución y la revolución, el trote y el salto (Paz, 1991:12). Laclau y Mouffe recogen desde la otra voz[1], la mirada poética del mundo fragmentado cantado por el poeta Hölderlin:

Hay dos ideales de nuestra existencia: uno es la condición de la mayor simplicidad, en que nuestras necesidades concuerdan entre sí, con nuestros poderes y con todo aquello con lo que estamos en relación, solamente a través de la organización de la naturaleza, sin ninguna acción de nuestra parte. El otro es una condición del más alto cultivo, en la que este acuerdo tiene lugar entre necesidades y poderes infinitamente diversificados, y fortalecidos a través de la organización que seamos capaces de darnos a nosotros mismos. (Laclau y Mouffe, 2004:130).

Las “necesidades y poderes infinitamente diversificados” pertenecen al mundo social marcado por la ausencia de la unidad del mundo pagano y cristiano que le antecede. No es casual que Laclau y Mouffe evoquen el mundo del romanticismo alemán, no sólo por razones de orden filosófico, sino también de orden poético: el uso de la metáfora como método analógico para construir su noción de articulación. La analogía entre sujeto y sociedad en el mundo moderno establece vasos comunicantes: el hombre se divide entre los dualismos de “cuerpo/alma, razón/sentimiento, pensamiento/sentido” (Laclau y Mouffe, 2004:130), de manera análoga la sociedad moderna se fragmenta en la división de clases, la sociedad ya no es algo dado por la naturaleza, sino más bien la que “seamos capaces de darnos a nosotros mismos” como hombres divididos ontológicamente.

Lo que le resta al hombre moderno es reconciliar los fragmentos de la unidad perdida a través de las prácticas articulatorias, asi como el poeta moderno Thomas S. Eliot rearticula la unidad del mundo de manera artificial en su poema Tierra Baldía en la búsqueda de la reconciliación de un montón de imágenes rotas.[2]Las prácticas articulatorias del discurso son contingentes en el ámbito de la historicidad del sujeto y abiertas al significado social. La reunión de las imágenes rotas en el discurso político se manifiesta a través de la articulación de una demanda que le dé unidad a las diversas demandas del mundo social marcado por la diferenciación, articulación que es expresión de un momento dado del discurso hegemónico siempre cambiante y contingente. La articulación de la unidad sólo cobra sentido cuando “un conjunto de elementos aparecen fragmentados o dispersos sólo desde el punto de vista de un discurso que postule la unidad de los mismos” (Laclau y Mouffe, 2004:132). La teoría de la articulación en Hegemonía y estrategia socialista (Laclau y Mouffe: 2004) aparece como la visión del mundo fragmentado en la conciencia del hombre moderno, mientras que en Política e ideología en la teoría marxista (Laclau: 1978) sólo aparece un esbozo de la teoría de la articulación que se entiende como un ejercicio crítico de carácter epistemológico.

La sed de plenitud social

En su ensayo Sobre los nombres de Dios Ernesto Laclau emprende una lectura atenta sobre la poesía mística de Meister Eckhart, autor este último que vive el sentimiento de la unidad de la “chispa divina” (Funkelin) con Dios, sin mediar para ello representaciones mentales, esta vivencia es la plenitud de la infinitud. Imagen perfecta del mundo cristiano que vive la trascendencia espiritual a través de la mística. Para ilustrar lo anterior Laclau toma de Eckhart el siguiente pasaje:

Ustedes deben amar a Dios de un modo no mental, es decir, que el alma debe pasar a ser no mental. Pues en la medida en que vuestra alma sea mental, ella poseerá imágenes. En la medida en que ella tenga imágenes, ella poseerá intermediarios, y en la medida en que ella posea intermediarios ella no tendrá ni unidad ni simplicidad. En la medida en que ella carezca de simplicidad, ella no ama verdaderamente a Dios, puesto que el verdadero amor depende de la simplicidad. (Laclau, 2006:102).

Así la plenitud de lo divino se encuentra en la unicidad de Dios, unicidad carente de atributos, “plenitud henchida” del Ser:

La unicidad es más pura que la bondad y la verdad. Aunque la bondad y la verdad no añaden nada, ellas sin embargo añaden algo de la mente: algo se añade cuando son pensadas. Pero la unicidad no añade nada en tanto que Dios existe en sí mismo, antes de diversificarse en el Hijo y el Espíritu Santo […]. Si digo que Dios es bueno, le estoy añadiendo algo. La unicidad, por el contrario, es la negación y la denegación de la denegación. ¿Qué significa “uno”? Significa aquello a lo que nada puede ser añadido. (Laclau, 2006:102-103).

Sin embargo, los recursos retóricos del lenguaje místico de Eckhart, también pueden ser considerados como la expresión de nombrar lo innombrable, lo inefable. Pero supongamos que la unicidad de Dios puede ser nombrada a través de atributos negativos como “…no grandeza, no pequeñez,…” (Laclau: 2006:103). Los atributos puestos como posibles nombres de Dios se articulan en la unicidad por medio de cadenas de equivalencias, una forma lingüística de entender el supuesto ontológico de la fragmentación del mundo, en otras palabras en la cadena de equivalencias subyacen las prácticas articulatorias de lo político siempre contingente. Laclau en La razón populista (2005) realiza otra vuelta de tuerca a su noción de práctica articulatoria, pero ahora la pone a prueba en las prácticas articulatorias populistas:

…Si queremos determinar la especificidad de una práctica articulatoria populista, debemos identificar unidades más pequeñas que el grupo para establecer el tipo de unidad al que el populismo da lugar.

La unidad más pequeña por la cual comenzaremos corresponde a la categoría de “demanda social”. Como señalé en otra parte, en inglés el término demand es ambiguo: puede significar tener un reclamo (como en demandar una explicación [demanding an explanation]). Sin embargo, esta ambigüedad en el significado es útil para nuestros propósitos, ya que es en la transición de la petición al reclamo donde vamos a hallar uno de los primeros rasgos definitorios del populismo. (Laclau, 2005:98).

Las demandas sociales no traducidas por canales institucionales para ser atendidas por la gestión pública, causan malestar en la población. De esta manera si a una demanda social no atendida se le suman otras demandas sociales justas estas desembocan en un reclamo popular a las instancias gubernamentales e inicia el cuestionamiento al gobierno en turno. Se crea así el espacio de lo político en donde las demandas sociales como fragmentos de la insatisfacción popular cobran unidad en el discurso articulatorio del líder populista. El líder populista buscará construir un discurso utópico en el sentido de trazar un proyecto político que configure la búsqueda de la plenitud social de la comunidad política, pero paradójicamente como apunta Laclau lo que tenemos, en última instancia, es una totalidad fallida, el sitio de una plenitud inalcanzable (Laclau, 2005:94), una plenitud social, que a diferencia de la plenitud divina de Eckhart, fallece en la contingencia del mundo histórico de lo político.

 

Redondeo

En este breve recorrido sobre la articulación de la unidad artificial del discurso político cobra significado el sentido positivo que tiene Laclau sobre el discurso populista. Mi lectura es que en el discurso populista se encuentra inmanente la sed de plenitud social, encarnada en el líder político. En este marco de referencia el discurso populista es la búsqueda de la unidad pérdida de la comunidad política, búsqueda que ante los ojos del populista deviene en un mundo utópico por construir. El populista busca la plenitud social, en ese sentido uno se preguntaría: hasta dónde llegará un discurso como el de Hugo Chávez que de forma festiva dice: las comunas son la célula básica para lograr la mayor suma de felicidad social, suma de felicidad social articulada en una totalidad fallida, de una plenitud inalcanzable, pero necesaria para la utopía populista.

Referencias bibliográficas

Laclau, Ernesto (1978): Política e ideología en la teoría marxista. Capitalismo, fascismo, populismo, Madrid: Siglo XXI.

Laclau, Ernesto y Chantal Mouffe (2004): Hegemonía y estrategia socialista. Hacia una radicalización de la democracia, Argentina: Fondo de Cultura Económica.

Laclau, Ernesto (2005): La razón populista, México: Fondo de Cultura Económica.

Laclau, Ernesto (2005): Misticismo, retórica y política, Argentina: Fondo de Cultura Económica.

Paz, Octavio (1990): “La otra voz. Poesía y fin de siglo”, en Vuelta, Noviembre, No. 168, pp. 13-17.

Paz, Octavio (1991): “La búsqueda del presente”, en Vuelta, enero, No. 170, pp. 10-14.

Stearn Eliot, Thomas (2010): Tierra Baldía (fragmentos), sitio electrónico: http://amediavoz.com/eliot.htm


* Maestro en Sociología Política por el Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora. Actualmente cursa el doctorado en Investigación en Ciencias Sociales en la especialidad de Ciencia Política, en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), sede México. Correo electrónico: <noe.hernandez@flacso.edu.mx; noe.hernandezcortez@gmail.com>

[1] En su ensayo La otra voz. Poesía y fin de siglo (1990), Paz escribe “… ¿cuál puede ser la función de la poesía? ¿Qué puede decir la otra voz? Ya he indicado que si naciese un nuevo pensamiento político, la influencia de la poesía sería indirecta: recordar ciertas realidades enterradas, resucitarlas y presentarlas. Ante la cuestión de la supervivencia del género humano en una tierra envenenada y asolada, la respuesta no puede ser distinta. Su influencia sería indirecta: sugerir, inspirar e insinuar. No demostrar sino mostrar…” (Paz, 1990:16).

[2] Alusión a los versos del poema Tierra Baldía de Eliot: “¿Cuáles son las raíces que arraigan, qué ramas crecen / en estos pétreos desperdicios? Oh hijo del hombre, / no puedes decirlo ni adivinarlo; tú sólo conoces / un montón de imágenes rotas, donde el sol bate, / y el árbol muerto no cobija, el grillo no consuela / y la piedra seca no da agua rumorosa. Sólo / hay sombra bajo esta roca roja.”

En documento: ernesto-laclau-y-la-constitucion-de-la-utopia



Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: