Karl Popper y la responsabilidad intelectual

julio 2, 2010

Karl Popper y la responsabilidad intelectual

 

 

La libertad es alas

es el viento entre hojas, detenido

por una simple flor; y el sueño

en el que somos nuestro sueño

es morder la naranja prohibida,

abrir la vieja puerta condenada

y desatar al prisionero:

esa piedra ya es pan,

esos papeles blancos son gaviotas,

son pájaros las hojas,

y pájaros tus dedos: todo vuela.

Octavio Paz, El siglo XX: la experiencia de la libertad

 

 

Noé Hernández Cortez

Introducción

Karl Popper es una figura central en la filosofía de la ciencia del siglo XX. Su quehacer científico se concentró en los grandes temas de la ciencia moderna como fueron la teoría de la relatividad de Albert Einstein y la teoría cuántica de Max Planck, pasando por la mecánica ondulatoria de Heisenberg. Además de investigar en estas áreas de conocimiento Karl Popper aportó estudios relevantes en las ciencias sociales como son su crítica a lo que él llamó “la miseria del historicismo”, una especie de ajuste de cuentas en el terreno de la filosofía con Platón, Hegel y Marx. La primera crítica a las utopías de los paraísos terrenales la encontramos en su obra La sociedad abierta y sus enemigos. Los enemigos de la sociedad abierta son los filósofos que soñaron en las grandes utopías, a la manera de los teólogos.

 

Popper lanzó el dardo de su crítica en las venas mismas del pensamiento de occidente: la filosofía. Encontró que quien emite y crea ideas tiene una gran responsabilidad social lo que se traduce en una responsabilidad intelectual. Esta situación se presenta especialmente en el campo de la filosofía política. Es precisamente el tema de la responsabilidad intelectual lo que nos ocupa en el presente ensayo, para ello presentamos en sus trazos generales lo que consideramos la piedra de toque del pensamiento político de Karl Popper: su quehacer científico. Por esta razón, iniciamos señalando como concibió a la verdad  científica Popper, una verdad –en sentido estricto verdades– que siempre es provisional, nunca definitiva. Una vez formulada la epistemología popperiana pasamos a expresar el sentido de la responsabilidad intelectual reflexionando sobre la incidencia que tienen  las ideas políticas en el ámbito de lo político y social. Sobre este punto de la responsabilidad intelectual consideramos a Popper como parte de la parentela de historiadores de las ideas como son Isaiah Berlin y Mark Lilla[1].

 

Para concretizar la idea de la responsabilidad intelectual nos detenemos a analizar algunas ideas centrales de lo que él llamó la “miseria del historicismo”. Por otra parte abordamos su concepción sobre la sociedad abierta y sus enemigos, como son las tribus ideológicas y los sectarismos doctrinarios. Finalmente, concluimos con unas breves reflexiones para valorar el pensamiento de Karl Popper en su dimensión de la responsabilidad intelectual.

 

La verdad provisional

La figura de Karl Popper esta ligada al famoso círculo filosófico de Viena. Pero dicha ligazón es de orden intelectual, pues, el centro de la crítica de Popper es el positivismo lógico de dicho círculo.. Karl Popper nunca fue invitado a las discusiones que establecían Moritz Schlick, Kurt Gödel, Philipp Frank, Alfred Tarski y Hans Hahn.

El positivismo lógico se esforzó por sustentar cada proposición en la realidad, consideraban que las proposiciones para ser verdaderas debían ser un reflejo de la realidad. Influidos por la física le apostaron a la idea de que la inducción es la vía para sostener una teoría. Contra estas ideas escribió Popper. A contracorriente del positivismo lógico, Popper argumentaba que la verdad siempre es provisional, nunca es definitiva, pues, la historia de la ciencia nos ha enseñado que una verdad siempre es sustituida por otra, una teoría siempre es reemplazada por otra, y esta es la naturaleza de la “verdad” popperiana.

 

Siguiendo a Alfred Tarski, Popper consideraba a la verdad como un pie puesto en la realidad de los hechos. Este pie hace posible la relación entre la mente que concibe  la teoría y la realidad objetiva. La teoría para Popper siempre esta sometida a la experimentación, a las constantes pruebas a que la someten los científicos. Cuando la teoría responde a la prueba de la experimentación llega a alcanzar un status de credibilidad. Es importante subrayar que para nuestro filósofo de la ciencia una teoría jamás quedará comprobada y establecida definitivamente, nunca será una certeza irrefutable. Las verdades irrefutables solo tienen que ver en el ámbito de la teología, pero no en el de la ciencia.

 

En ese sentido, Popper disentía del núcleo del Círculo de Viena quienes consideraban a la verdad con un rango de “verdad científica” cuando correspondía a la realidad objetiva. Popper le dice “no” a esta idea de concebir a la verdad. La verdad es provisional y a la vez es producto de la mente humana, esto es, no es un fiel reflejo de la realidad, sino más bien la verdad es hija de la imaginación crítica. Sobre este punto argumentaba que los positivistas lógicos dejaron fuera a la metafísica. Para los del Círculo de Viena la metafísica correspondía a lo fantástico, siendo la literatura su ámbito natural.[2] Al contrario de los empiristas lógicos, como también se les conoce a los del Círculo de Viena, Karl Popper pensaba que en ocasiones la metafísica daba lugar a formulaciones que precedían a la teoría, dándose el caso en que ciertas intuiciones metafísicas desembocaran en una teoría consistente. Esto nos hace recordar lo dicho por el físico Stephen Hawking, quien en su libro la Historia del tiempo señala que la teoría del Big-Bang corresponde más al terreno de la metafísica que al campo de la física experimental. Y Popper aceptaría con gusto lo dicho por Hawking.[3]

 

Si en la ciencia la verdad es provisional, en el campo de las ciencias sociales sucede lo mismo. El científico social busca ciertas regularidades pero siempre bajo determinadas condiciones. Es aquí en donde la economía y la psicología han dado pasos significativos para construir teorías consistentes. No obstante, lo que no puede hacer la ciencia social es predecir el futuro por medio de un conjunto de leyes como lo pensó el marxismo. Es aquí en donde Popper centra su atención  sobre la responsabilidad intelectual de quien escribe y sustenta ideas como veremos más adelante.

 

La responsabilidad intelectual

Isaiah Berlin en su obra Pensadores Rusos mostró como las ideas cobran vida en la realidad social e histórica. Siguiendo el pensamiento religioso-político del gran escritor ruso León Tolstoi logra articular la influencia que tienen las ideas en la realidad, y en esto Tolstoi fue un maestro. Tolstoi influyó en su generación y en las generaciones venideras sobre el carácter excepcional de “lo ruso” que esta llamado al misticismo, en cambio Occidente esta hundido en el materialismo. Así, Tolstoi construye toda una teoría de la historia que atraviesa su obra literaria. He ahí la responsabilidad intelectual del pensador ruso, responsabilidad que se traduce en la influencia que generan sus ideas en un contexto histórico determinado.

 

Karl Popper desde el campo de la ciencia empieza a criticar la irresponsabilidad intelectual de determinados filósofos. Esto lo vemos en dos obras fundamentales, a saber: La sociedad abierta y sus enemigos y La miseria del historicismo. Por el momento concentrémonos cómo Popper articula su idea sobre la crítica a la irresponsabilidad intelectual. Como hemos mencionado líneas arriba Popper pertenece a la parentela de pensadores de la talla de Isaiah Berlin y Mark Lilla.[4]

 

Y es en la responsabilidad intelectual que señala Karl Popper en donde observamos la gran actualidad del filósofo de la teoría de la “falsación”. En el momento en que escribe el intelectual tiene una gran responsabilidad, pues, sus ideas son del dominio público. Platón desatendió esta observación y en su capítulo VIII de la obra La República construye su utopía de la sociedad perfecta. Primero expulsa a los poetas de la Ciudad, pues, su riesgo radica en que los poetas son peligrosos por ejercer la imaginación y producir mitos, todo ello ajeno al logos. Platón desea cristalizar su ciudad ideal en la realidad. Así, Popper denuncia a Platón de sostener ideas utópicas inalcanzables en realidad. Apostar por ciudades ideales es apostarle a las grandes tiranías. Es el regreso a la tribu.

 

Mark Lilla ha observado con agudeza la tiranía de los intelectuales, al respecto el pensador social de la Universidad de Chicago le ha llamado a esta clase de intelectuales filotiránicos: el intelectual convertido en constructor de sueños sociales que aplastan la libertad y al individuo. Karl Popper suscribiría con simpatía el concepto de “filotiránico” de Mark Lilla. En el pensamiento de Occidente son pocos los estudiosos que han acertado a estudiar con imaginación crítica las ideas de esa figura social que denominamos “intelectual” y que han tenido mucha influencia en la política del siglo XX. Creemos que Popper vislumbró con claridad el papel que ha jugado el intelectual en las sociedades de Occidente. Recordemos que Popper escribe en el momento de los grandes totalitarismos. Asimismo, reconozcamos que aún no se la ha llamado totalitarismos al experimento político que encarnó el mal en el mundo como lo es el nazismo. Hanna Arendt aún no escribía su libro Los orígenes del totalitarismo en donde argumenta que el mal está en el hombre y una forma fehaciente de ello es precisamente el totalitarismo. Sin los vuelos metafísicos de Arendt, Popper con una prosa más cercana a la ironía plasmada en los ensayos de Bertrand Russell, empieza a delinear la figura del “filotiránico” como le ha llamado Mark Lilla a la irresponsabilidad intelectual de determinados escritores y filósofos influyentes en su siglo.

 

No es casual que la teoría democrática de Popper realicé una distinción entre los gobiernos democráticos y no democráticos. Los gobiernos democráticos se rigen por instituciones plurales y que representan a la mayoría. La democracia para Popper es un asunto diríamos que hasta de carácter técnico, pues para nuestro autor son las instituciones democráticas las que son el fundamento para llevar a cabo un gobierno eficaz. En este aspecto técnico se parece a Schumpeter quien consideraba que la democracia debe ir acompañada de instituciones fuertes y eficaces, en donde las soluciones son de naturaleza técnica.  Por el contrario, los gobiernos no democráticos son tiránicos y asumen tener la “verdad absoluta” para decidir por la “tribu”. En los gobiernos no democráticos se borra a la persona concreta y a la vez se le quita la libertad de decidir.

 

De acuerdo con Popper, la teoría política clásica se preguntaba ¿quién debe gobernar? La pregunta llevaba a una respuesta centrada en la naturaleza de la persona o grupo de quien debería gobernar. Platón contestaría que el Rey-Filósofo. Platón mismo  salió expulsado de Siracusa por el propio tirano Dionisio. Su idea de instruir al tirano había fracasado. Marx contestó a la pregunta de ¿quién debe gobernar? De la siguiente forma: el proletariado es la clase que debe tomar el poder, y ya conocemos la historia del desencanto de esta  profecía de Marx. Popper cambia la pregunta y plantea otra distinta a la de la teoría política clásica en un memorable ensayo de 19988 que se publicó en español bajo el título de Un repaso de mi teoría de la democracia[5], en donde nos expone su argumento el cual transcribimos a continuación:

 

En The Open Society and its Enemies, sugería reconocer un problema totalmente nuevo como el problema fundamental de una teoría política racional. El nuevo problema ya no se formularía preguntando “¿quién debe gobernar?”, sino mediante una pregunta bien diferente: “¿cómo debe estar constituido el Estado para que sea posible deshacerse de los malos gobernantes sin violencia y sin derramamiento de sangre?”.

En contraste con el anterior, éste es un problema práctico –más aún: casi técnico. Y las llamadas democracias modernas son todas excelentes ejemplos de soluciones prácticas al nuevo problema, aún cuando no hayan  sido diseñadas con la conciencia de había que tomarlo en cuenta: en efecto, todas ellas adoptan lo que podríamos ver como su solución más sencilla. Y esa solución es la siguiente: un gobierno puede ser destituido por el voto de una mayoría que lo reprueba. (Popper, 1988, p. 12)

 

El esfuerzo de Popper consistía en desenmascarar a los intelectuales, que bajo argumentos falaces afirmaban tesis totalitarias y es en este punto donde su crítica se dirigió a Platón. Si no se asume la responsabilidad al escribir y al hacer públicas las ideas al intelectual se le facilitará el construir mundos políticos utópicos, que desembocan en gobiernos no democráticos. De ahí que la crítica popperiana apoyándose en la verdad científica que siempre es provisional, refuta a los intelectuales que asumen certezas políticas que terminan en gobiernos autoritarios que erosionan las libertades de los individuos. Un ejemplo claro de esta manera de actuar es la dictadura de Cuba, en donde el caudillo en turno es el portavoz del pueblo, a la manera de los profetas del antiguo Israel. Por tal motivo, Popper en su obra La Sociedad Abierta y sus enemigos crítica el programa político de Platón en los siguientes términos:

 

El análisis de la sociología platónica torna fácil la exposición de su programa político. Sus exigencias fundamentales pueden expresarse con cualquiera de estas dos fórmulas: en primer término, la correspondencia a su teoría idealista del cambio y el reposo, y en segundo término, la de su naturalismo. He aquí la fórmula idealista: ¡detened todo cambio político! El cambio es vil, el reposo divino. Todo cambio puede ser detenido si el estado constituye una copia exacta de su original, es decir, la Forma o Idea de la ciudad. Si se nos pregunta cómo puede ser esto factible, responderemos con la fórmula naturalista: ¡De nuevo a la naturaleza! De nuevo al estado original de nuestros antecesores, el estado primitivo fundado de acuerdo con la naturaleza humana y, por consiguiente, de carácter estable. De nuevo a la patriarquía tribal de la época anterior a la Caída, al gobierno de clase natural, a cargo de unos pocos sabios, sobre la masa ignorante… Creo que no sería incorrecto calificar este programa de totalitario. Y se halla fundado, ciertamente, en una sociología historicista. (Popper, 1967, p. 132).

 

Así, Popper desmenuza el pensamiento político de Platón y lo hace responsable de sostener tesis políticas de carácter totalitario. Es momento de indicar que existe un puente cultural con la tradición liberal en Latinoamérica sobre la idea de la responsabilidad intelectual. Una manera lúcida de formular lo que Popper llamaría “la miseria del historicismo” a las utopías de los intelectuales, para Mark Lilla es la naturaleza del “filotiránico”. Enrique Krauze le dedicó un ensayo a la obra The Reckless Mind /Intellectualls in Politics de Mark Lilla entablando ese puente intelectual con la tradición liberal en México. Así, como Enrique Krauze publica a Mark Lilla en le revista Letras Libres; así también Octavio Paz publicó en la revista Vuelta a Karl Popper. Me parecen interesantes las reflexiones de Krauze con respecto a la obra de Lilla en donde me permito extraer una lúcida nota que nos recuerda a la crítica popperiana. Escribe Krauze:

 

The Reckless Mind incluye otros retratos intelectuales, como el del aristocrático y deslumbrante Alexander Kojève, admirador de Stalin y autor de una famosa revisión de Hegel, que termina sus días imbuido de la idea del “fin de la historia y la filosofía” y dictando, acorde a ella, los rumbos neutralistas de la diplomacia francesa. Para Lilla, su sistema era inhumano, el fin de la historia era el fin de la humanidad, el advenimiento del “último hombre” nietzschano. Quizá porque el estalinismo de Sartre es muy conocido, Lilla prefiere retratar a Michel Foucault. Hechizado por la crítica nietzscheana al “humanismo ilustrado”, Foucault llegó a apoyar todas las corrientes autoritarias de su época, desde le maoísmo hasta la revolución del Ayatola Jomeini en Irán. Alma perturbada y atraída por las “experiencias límite”, la violencia, el sadomasoquismo y el suicidio, Foucault buscó en el mundo la versión amplificada de sus obsesiones “proyectó su vida hacia la esfera de la política sin tener el menor interés en ella ni admitir la más mínima responsabilidad”. (Krauze, 2004, p. 24).

 

Este lúcido pasaje nos permite trazar a grandes rasgos una rica tradición en donde el denominador común es la responsabilidad del intelectual a la hora de escribir y reflexionar sobre la política. Aquí hemos tocado solo una reducida parentela conformada por nuestro autor tema de nuestro interés Karl Popper pasando por Isaiah Berlín y Mark Lilla, para desembocar en la tradición liberal en México con Enrique Krauze. En el ámbito latinoamericano tenemos a Mario Vargas Llosa como un divulgador de la obra de Popper. ¿Qué tienen en común estos autores tan diversos en apariencia? Me parece que dos rasgos que los distinguen, en primer lugar el asumir el ejercicio de la responsabilidad intelectual desde el ámbito liberal y por otra parte la naturaleza de su obra ensayística. Sobre esto último sigo a Celso Lafer quien ha observado que los grandes liberales siempre han recurrido al ensayo para exponer sus ideas. Y Popper es en ese sentido un liberal.

 

Historicismo y profecía

En la obra “La miseria del historicismo” es  donde podemos observar la crítica de Popper a las ideas de Platón, Hegel y Marx sobre la pretensión de ver en la historia un “libreto” que se puede leer y por lo tanto predecir el rumbo de la historia de la Humanidad. Platón la identificó en su celebre idea de la República gobernada por el Rey-Filósofo; Hegel en su concepción dialéctica de la Idea Absoluta encarnada en la historia, la Idea Absoluta era una especie de Dios sacralizado hecho historia. Finalmente, Marx quien con las leyes del materialismo histórico “develaba” los hilos laberínticos de la historia. Según Marx el derrotero de la humanidad se puede predecir si y solo si se descubren las leyes de la historia, esto significaba descubrir la lucha de clases dentro del modo de producción capitalista “condiciones objetivas” que lograrían realizar el cambio en la historia. Platón, Hegel y Marx en ese sentido eran historicistas porque habían descubierto el libreto de la historia de la humanidad y por lo tanto podían predecir el futuro, en realidad solo eran creadores de profecías. Según Popper la gravedad del asunto consistía en que esas profecías según sus autores se deberían cumplir al pie de la letra, no tomando en cuenta la libertad del individuo. A esta manera de concebir a la historia de la humanidad, cuyo rasgo distintivo es predecir el rumbo de la historia, Karl Popper le llamó “la miseria del historicismo”.

 

Como hemos señalado líneas arriba Popper parte del hecho de que la verdad es siempre provisional y constantemente sometida a la imaginación crítica. En su libro La lógica de la investigación científica Popper señala la actitud crítica que siempre debemos mantener:

 

He escrito en cursiva las palabras <<discusión racional>> y <<críticamente>> con objeto de subrayar que hago equivalentes la actitud racional y la actitud crítica. Aludo a que siempre que proponemos una solución a un problema deberíamos esforzarnos todo lo que pudiésemos por echar abajo nuestra solución, en lugar de defenderla; desgraciadamente, este precepto se lleva a la práctica por pocos de entre nosotros; pero, por fortuna, otros aducen las críticas en lugar nuestro si dejamos de hacerlo por nosotros mismos. Mas la crítica será fecunda únicamente si enunciamos nuestro problema todo lo claramente que podamos y presentamos nuestra solución en una forma suficientemente definida; es decir, que pueda discutirse críticamente. (Popper, 1962, p. 17)

 

Para Popper entonces es la discusión racional lo que hace viable el diálogo en las distintas áreas de conocimiento. La discusión racional va acompañada inherentemente a la crítica. Y es precisamente la discusión racional y crítica a la que somete Popper el “holismo” de los historicistas. Queremos insistir que no se entiende a Popper si no se le sitúa como un pensador que partió del conocimiento de la lógica de la investigación científica para conformar su aparato crítico aplicado a la esfera de las ciencias sociales.

 

Si concebimos a la historia como una determinación de la razón que lleva un rumbo trazado, un libreto ya escrito y científicamente comprobable, entonces estaríamos asumiendo una actitud historicista. Historiadores y pensadores como Platón, Comte, Hegel, Vico, Marx y Toynbee eran historicistas porque creían que comprendiendo a la historia podían predecir el rumbo de la misma. A nuestro parecer estos autores son constructores de llamativas y fascinantes profecías.

 

Las implicaciones del historicismo al concebir a la historia como un orden preestablecido, implicaban que a los individuos no se les concebía la libertad de decidir. Por tal razón, podemos suponer que los historicistas le tenían miedo a la libertad. La libertad como dice Isaiah Berlin “tiene que ver con la inexistencia de obstáculos para la acción.” (Berlin, 2004, p. 3006). Esta definición filosófica de Isaiah Berlin se traduce poéticamente a lo que  Octavio Paz escribe “la libertad es alas / es el viento entre hojas, detenido / por una simple flor…” (Paz, 1990, p. 8). Popper dirá que si la historia se hace por leyes preestablecidas entonces la libertad no tiene nada que ver con la historia, lo cual es falso. La historia, dice Popper, es el dominio de lo azaroso y caótico, no tiene un rumbo definido y por tal razón no se puede predecir su desenvolvimiento anterior. Ahora bien con ello no quiere decir Popper que bajo ciertas circunstancias se puedan predecir determinados fenómenos. Por ejemplo, la economía ha logrado hacer determinados modelos que bajo determinadas condiciones se puede establecer un conjunto de regularidades que se podrán dar si y solo si se cumplan determinadas circunstancias o condiciones. En el fondo lo que crítica Popper es el holismo que con pretensiones científicas intenta predecir el futuro. Popper también ilustra lo anterior argumentando que si bien es cierto que el conocimiento científico ha tenido determinados progresos, no se pueden predecir los descubrimientos por venir, esto en sí mismo es un absurdo. En palabras de Karl Popper:

 

  1. El curso de la historia humana está fuertemente influido por el crecimiento de los conocimientos humanos. (La verdad de esta premisa tiene que ser admitida aun por los que ven nuestras ideas, incluidas nuestras ideas científicas, como el sub-producto de un desarrollo material de cualquier clase que sea.)
  2. No podemos predecir, por métodos racionales o científicos, el crecimiento futuro de nuestros conocimientos científicos. (Esta aserción puede ser probada lógicamente por consideraciones esbozadas abajo.)
  3. No podemos, por tanto, predecir el curso futuro de la historia humana.
  4. Esto significa que hemos de rechazar la posibilidad de una historia teórica; es decir, de una ciencia histórica y social de la misma naturaleza que la física teórica. No puede haber una teoría científica del desarrollo histórico que sirva de base para la predicción histórica.
  5. La meta fundamental de los métodos historicistas está, por lo tanto, mal concebida; y el historicismo cae por su base. (Popper, 2006, 12).

 

 Al caer el historicismo por su base caen también las quimeras de la historia y se recobra la libertad del individuo. Tomando las palabras  del historiador italiano Benedetto Croce se recupera “la historia como hazaña de la libertad.”

 

La sociedad abierta y sus enemigos

Karl Popper nos propone una lúcida interpretación de la libertad a través de la sociedad abierta. Libertad que podemos decir con Popper que está muy ligada al desarrollo del pensamiento filosófico y científico. Las primeras formas de organización entre los hombres consistía en agruparse de forma colectiva en la tribu, no existía lo que ahora llamamos individuo. En ese sentido, la tribu borraba toda individualidad. El “individuo” era un ser gregario que se agrupaba para defenderse de los peligros de su entorno. A la tribu primitiva Popper le llama la sociedad cerrada, pero nos recuerda que no es un tiempo pasado sino más bien un sentimiento que en ocasiones el hombre desea retornar a la tribu.

 

Por otra parte, será con el descubrimiento del logos de los primeros presocráticos en donde aparece en el horizonte de la historia el individuo y por lo tanto una sociedad abierta, libre. Es una sociedad abierta porque el hombre se dispone a pensar por sí mismo los grandes enigmas como lo es preguntarse por la vida o por el cosmos. A este período del surgimiento de la sociedad abierta pertenecen los primeros filósofos llamados los presocráticos como Tales de Mileto, Anaximandro, Anaxímenes culminando con el filósofo que descubre el concepto y pone las bases de la racionalidad, a saber: Sócrates. La sociedad abierta es plural y esta sustentada en la razón. En la sociedad abierta florecen las formas democráticas de gobierno.

 

Digamos que en la sociedad abierta la razón se hace pública y facilita el diálogo entre los hombres, el cultivo del logos. No obstante, los enemigos de la sociedad abierta son aquellos que con sus ideas socavan la libertad y la pluralidad de las sociedades abiertas y proclaman un retorno a las sociedades cerradas, al reino de la tribu en donde se borra la individualidad y diríamos como señala el poeta polaco Czeslaw Milosz la “mente se hace cautiva” de la tribu.

 

Los enemigos de la sociedad abierta son los intelectuales que defienden ideas contrarias a la pluralidad y la libertad de las sociedades democráticas. Por esa razón Popper habla de Hegel y el nuevo tribalismo, al respecto escribe:

 

…No hay nada en la obra de Hegel que no haya sido dicho antes y mejor. Nada hay en su método apologético que no haya sido tomado de sus antecesores. La tarea de Hegel consistió en dedicar estos pensamientos y métodos prestados, con un criterio unitario si bien carente del menor brillo, a un solo objetivo: luchar contra la sociedad abierta y servir, de este modo, a su superior Federico Guillermo de Prusia. (Popper, 1967, p. 15)

 

Para Popper Hegel representa el enemigo de la sociedad abierta. Su irresponsabilidad intelectual implicaba graves consecuencias políticas. En su contundente crítica a Hegel, Popper realiza un profundo análisis de su obra y nos presenta con su estilo irónico la pedantería del filósofo alemán.

                                       

Con respecto a Marx, Popper hace un balance prudente. Si bien admira su entereza moral para denunciar las desigualdades lacerantes del capitalismo del siglo XIX, por otra parte, crítica al Marx como falso profeta. Con respecto a las falsas profecías de Marx escribe Popper:

 

¿Por qué, entonces, atacar a Marx? Pese a todos sus méritos, Marx fue, a mi entender, un falso profeta. Profetizó sobre el curso de la historia  y sus profecías no resultaron ciertas. Sin embargo, no es ésta mi principal acusación. Mucho más importante es que haya conducido por la senda equivocada a docenas de poderosas mentalidades, convenciéndolas de que la profecía histórica era el método científico indicado para la solución de los problemas sociales. Marx es responsable* de la devastadora influencia del método del pensamiento historicista en las filas de quienes desean defender la causa de la sociedad abierta. (Popper, 1967, p. 94)

 

Crítica profunda a Marx, principalmente en el aspecto de la responsabilidad del intelectual. Como dice Popper, Marx fue responsable de orientar a docenas de mentalidades a creer en las leyes de la historia descubiertas por él, las cuales eran en realidad falsas profecías.

 

Reflexiones finales

El propósito del presente ensayo fue abordar al pensamiento de Popper en un tema de gran actualidad que tiene que ver con la responsabilidad intelectual a la hora de escribir sobre lo social y político. El pensamiento de Popper sigue siendo de gran actualidad en la medida en que rescata valores del humanismo liberal como son la libertad, las formas democráticas, la razón, y por supuesto la responsabilidad intelectual. Todo ello como producto de la sociedad abierta.

 

Popper en la teoría política es un pensador central pues a contracorriente de los enemigos de la sociedad abierta, el pensamiento de Popper destaca por su coherencia moral y política. Popper prefirió seguir los caminos de la ciencia, pensó en verdades provisionales y nunca se dejó fascinar por las verdades absolutas. Popper, como diría Mario Vargas Llosa, al día.

 

Referencias

Berlin, Isaiah. 2004. Conceptos y categorías. Ensayos filosóficos. México: Fondo de Cultura Económica.

Hawking, Stephen. 2004. Historia del tiempo: del bing bang a los agujeros negros. Editorial Crítica.

Krauze, Enrique. “El intelectual filotiránico”. Letras Libres, Marzo 2004, pp. 22-25.

Paz, Octavio. 1990. “El siglo XX: la experiencia de la libertad”. Vuelta, No. 167, pp. 8-9

Popper, Karl. 1962. La lógica de la investigación científica. Madrid: Tecnos.

Popper, Karl. 2006. La miseria del historicismo. Madrid: Alianza/Taurus.

Popper, Karl. 1967. La sociedad abierta y sus enemigos. Tomos I y II. Buenos Aires: Paidós.

Popper, Karl. 1988.  “Un repaso de mi teoría de la democracia”. Vuelta, No. 143, pp. 11-15.

Vargas Llosa, Mario. 1992. “Karl Popper al día”. Vuelta, No. 184, pp. 24-33


[1] Mark Lilla preside el seminario de Pensamiento Social en la Universidad de Chicago. Discípulo del gran sociólogo norteamericano Daniel Bell y estudioso de la obra de Isaiah Berlin.

[2] Borges agradeció a los positivistas lógicos que dejaran a la metafísica en el mundo literario. Así Borges podía imaginar las  grandes construcciones metafísicas de Spinoza y Leibniz en su biblioteca de Babel.

[3] Es memorable lo que nos cuenta el propio Hawking, cuando en una reunión de astrónomos les dice Juan Pablo II que esta bien en investigar el universo, pero que la pregunta sobre el origen del universo es el misterio de Dios.

[4] En América Latina extrañamente un escritor peruano Mario Vargas Llosa escribió un ensayo sobre Karl Popper titulado Karl Popper al día. Este ensayo fui publicado en la revista Vuelta en 1992, dirigida en ese entonces por Octavio Paz.

[5] En una traducción brillante realizada por el poeta Ulalume González de León para la revista Vuelta en 1988.

* Cursivas nuestras.

4 comentarios to “Karl Popper y la responsabilidad intelectual”


  1. Estoy bastante interesado por descubrir mas a cerca del pensamiento de Popper, ya que, en primer lugar, soy estudiante del tercer año en filosofía, ademas, soy ciudadano preocupado por las acciones inferentes en el circulo donde habito. ojala todos lográramos convertirnos en GRANDES PENSADORES

  2. Lucy Leite Says:

    Muy bueno artículo, Noé. He publicado algo de ese tema hace unos años ya, pero puede interesarte http://www.germinaliteratura.com.br/literatura_mar2007_lucimeirevleite.htm
    Voy a leer más de tu blog.
    Un saludo cordial,


  3. […] Otras breves reflexiones sobre el tema: “O intelectual aprisionado“, “Karl Popper  y la responsabilidad intelectual“. […]


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