Hannah Arendt, el Totalitarismo y la vuelta a Kant

julio 1, 2010

Hannah Arendt, el Totalitarismo y la vuelta a Kant

 

 

Noé Hernández Cortez*

En la gélida noche rugen los huracanes.
 “A Diotima”, Hölderlin

 

Resumen: En este trabajo se presenta un retrato intelectual de la filósofa Hanna Arendt, emparentada con la figura del intelectual moderno cuyos rasgos distintivos son el ejercicio de la crítica y el cultivo de la forma de expresión del ensayo.

                                  

I

En el seminario sobre Teoría Política impartido en el Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, la filósofa Nora Rabotnikof disertó sobre el pensamiento político de Hanna Arendt. Con estas disertaciones me hice un retrato intelectual de  Hanna Arendt: más que una filósofa sistemática y académica, era una intelectual que pensaba y escribía como una escritora testigo de su tiempo. Ejerció la crítica en tono personal en un ambiente intelectual del siglo pasado en donde las ideologías y pasiones políticas eran la sustancia de la época. En Arendt tenemos la figura romántica del Sturm und Drang alemán en donde vida y obra se entremezclan para dar origen a la figura del escritor moderno. La modernidad dota al escritor moderno de una visión fragmentaria del mundo y la forma literaria para expresarlo será el ensayo. En lo personal, con riesgo de aventurarme por el camino equivocado, emparento el pensamiento de Hanna Arendt en la tradición del intelectual crítico de las políticas totalitarias estatales cuyo fundamento era la noción perversa de “razón de estado”. Esta parentela esta formada por Leszek Kolakowski, Czeslaw Milosz, Joseph Brodksky, Octavio Paz y Raymond Aron. El rasgo común es el ejercicio de la crítica a los totalitarismos y el tono personal de sus escritos.

 

El historiador francés François Furet en su ya clásico libro El pasado de una ilusión define a Hanna Arendt como una escritora política desarraigada, lo interesante de esta definición es el término “escritora” que le atribuye el historiador francés.[1] Tono personal de escritura y visión fragmentaria del mundo que se expresa a través del ensayo son las coordenadas intelectuales en donde sitúo el pensamiento de Hanna Arendt. De ahí que Manuel Cruz estudioso de la obra y biografía de la Arendt, considere inclasificable su obra dentro de las corrientes filosóficas de su tiempo. La idea de Manuel Cruz es: “Algo se mueve alrededor de Hannah Arendt: ¿qué es? Sobre el papel no debiera sorprender el creciente interés que viene despertando su obra en los últimos tiempos. Poco tiene de extraño que, ante la crisis de la política y de la filosofía de la historia, muchos hayan vuelto su mirada hacia esta pensadora audaz, difícilmente inclasificable en ninguna escuela filosófica, pero al mismo tiempo capaz de percibir eso de más valor (la vida, la muerte, el absoluto) que se halla en juego en el corazón de las cuestiones históricas y políticas concretas.”[2] Aquí me interesa poner el acento sobre lo sustancial en la percepción de la pensadora: “la vida, la muerte, el absoluto”, todo ello tema de escritores, además habría que agregar la familiaridad que tenía Arendt con escritores y poetas, tan solo recordemos su amistad con el poeta Auden y su intenso intercambio de ideas. Por otra parte, sus retratos biográficos son fiel testimonio escritural de su gusto por contar historias, como también le gustaba presentarse a la propia Arendt como una “contadora de historias”.[3]

 

En estos trazos generales ubico el pensamiento de Arendt. De forma telegráfica trataré dos temas que me parecen fundamentales, a saber: el totalitarismo y la vuelta a Kant. Sobre el primer tema me fundamento en la obra de la pensadora titulada Los orígenes del Totalitarismo. 1. Antisemitismo y en contrapunto lo comparo con las páginas dedicadas a la filósofa  por François Furet en su libro El pasado de una ilusión. Ensayo sobre la idea comunista en el siglo XX. Hay un tema que se toca con el del totalitarismo que es el surgimiento en el escenario social y político el fenómeno del agregado de seres humanos: las masas; al respecto me apoyo en otro texto publicado por la Revista de Occidente en 1929 con el titulo de La Rebelión de las masas del filósofo español José Ortega y Gasset. El tema que he titulado vuelta a Kant es un argumento que he leído en distintos autores y que consiste en afirmar que para comprender nuestro tiempo es necesario regresar a la filosofía del pensador de Konigsberg, explorado en distintos caminos por Leszek Kolakowski, Octavio Paz y la propia Arendt. Para este tema me fundamento en las conferencias de Arendt sobre la filosofía política de Emanuel Kant. Este texto lo pongo a dialogar con otros dos, con el texto de Leszek Kolakowski titulado La modernidad siempre a prueba y con el último ensayo publicado por el poeta mexicano Octavio Paz: La llama doble.

II

 

1989 es un año axial dentro de la historia de Occidente. Para el historiador francés François Furet 1989 es el fin del siglo XX: tiempo histórico cuyos rasgos distintivos están marcados por la primera y segunda guerra mundial; y  el surgimiento y caída del totalitarismo. Un siglo marcado por el horror y el dolor humano, en donde el desencantamiento del mundo por la huida de los dioses se hizo presente en la historia. Es en este contexto histórico en donde una generación de intelectuales reflexionó sobre su tiempo, una generación en donde el intelectual, a mi parecer se distingue por hacer de la crítica un método para examinar la conciencia moral, el poeta Octavio Paz le llamó a este ejercicio crítico un examen de conciencia. El propio Paz recurrió a esta expresión de la tradición cristiana para darle el significado profundo que merecía esta actitud en una época de confusión intelectual y moral.

 

De acuerdo con Furet la obra Los orígenes del totalitarismo de Arentd se empezó a gestar en 1943, cuando se empiezan a tener noticias del exterminio judío en la Alemania Nazi. Aquí quiero apuntar que el libro ha merecido críticas de grandes intelectuales como Isaiah Berlin, quien opina que el libro con respecto a los nazis es correcto lo que se dice ahí, aunque nada novedoso; no obstante el tratamiento que les da Arendt a los judíos rusos con respecto al holocausto es una crítica muy fuerte sin fundamento histórico[4]. En su primer proyecto el libro buscó rastrear los orígenes del “antisemitismo” europeo que desencadenó la matanza del Estado Nazi contra los judíos. Más tarde la autora amplia su proyecto al intentar explicar los paralelos de las políticas de exterminio tanto del Estado Nazi como de la URSS comunista de Stalin, ambos sistemas políticos

-novedad histórica en Occidente- los denominó totalitarismos.

 

En un ensayo publicado por la revista liberal Letras Libres titulado Europa y el malestar en las ideas políticas, el profesor de la Universidad de Chicago Mark Lilla nos recuerda un planteamiento político penetrante que realizó Leo Strauss con respecto a la “cuestión judía”,  “Leo Strauss señala, en algún lugar de sus escritos, que el problema judío viene a ser, de manera condensada, el problema político. Este señalamiento cargado de malicia llevaba el fin de invitar a dos tipos de reflexión. Uno, el más evidente, concierne al destino histórico de los judíos, desde las edades bíblicas, pasando por la diáspora y el establecimiento del Estado de Israel. El otro, menos evidente se refiere a las luces que el judaísmo como hecho social arroja sobre nuestra comprensión más general de la política. Strauss tenía en mente lo que el llamó el “problema teológico-político…”[5] . Estas ideas pensadas a partir de una profunda conciencia histórica, se inscriben en la tradición política de Arendt, aunque las circunstancias históricas que llevan a la filósofa a escribir su libro es la experiencia humana límite del dolor, su investigación histórica sobre la “cuestión judía” para explicar el holocausto es fundamental. Más adelante, Mark Lilla agrega “…sin embargo, el problema judío es importante en otro sentido. Pues la forma en que las naciones o civilizaciones se las vean con la existencia de los judíos puede revelar, en ciertas coyunturas históricas, padecimientos políticos cuyas causas poco o nada tienen que ver con el judaísmo en sí [6]. Bajo esta mirada histórica el trabajo de investigación histórica de Arendt se nos presenta de una actualidad impresionante en un momento en donde Europa tiene como tema pensarse a sí misma y revalorar el papel del Estado nacional. Todo ello es reflejo de las sorpresas que da la historia cuando ya existe un Estado de Israel que ha sido cuestionado por los mismos europeos por la barbarie impulsada en el Medio Oriente.

 

Así el libro de Arendt inicia tratando la “cuestión judía” en la vertiente del antisemitismo europeo. Lo que ella llama insulto al “sentido común” no es más que las condiciones por lo cual la propaganda política nazi seduce a las “masas” para venderles el sofisma de que los males de la “Nación” provienen de los advenedizos judíos. De acuerdo con Arendt los orígenes del antisemitismo europeo que desemboca en el Holocausto, proviene del siglo XIX europeo, aquí da una serie de argumentos, pero el que rescatamos aquí es el del affaire Dreyfus. Este acontecimiento de la Francia del siglo XIX es la piedra de toque para explicar los aspectos políticos del odio hacia los judíos, que pasará intocable al siglo XX europeo. La autora distingue entre los aspectos legales del caso de sus implicaciones políticas. El sistema legal en el siglo XIX era respetable no solo en Francia, sino en el orbe civilizado como es en Inglaterra y los Estados Unidos. No obstante, las implicaciones políticas del caso son las esenciales para explicar los orígenes del odio hacia los judíos, al respecto la filósofa escribe “aquí nos referimos a las orientaciones políticas del ‘affaire Dreyfus’ y no a los aspectos legales del caso. Destacan principalmente cierto número de rasgos característicos del siglo XX. Difusos y apenas distinguibles durante las primeras décadas del siglo, emergieron por fin a la luz del día y se revelaron como pertenecientes a las principales tendencias de los tiempos modernos. Al cabo de treinta años de una forma antijudía suave y puramente social, resultaba un poco difícil recordar que el grito ‘¡Mueran los judíos!’ había resonado una vez a lo largo y a lo ancho de un Estado moderno cuando su política había cristalizado en el tema del antisemitismo”[7].  Así el Estado moderno nacional intenta resolver problemas como el de la asimilación, en este caso de ser un aspecto meramente social pasa al siglo XX a ser una política de Estado.

 

El problema entonces radica cuando el Estado nacional busca homogeneizar social y culturalmente a los “otros”, y pasa a ser una férrea política estatal. He aquí una causa de los orígenes del totalitarismo que proviene del siglo XIX, y que se va a caracterizar por  incidir en todos los aspectos de la vida desde la “idolatría de la política nacionalista”. Una observación aguda de Arendt es que en su experiencia en los Estados Unidos observa que el Estado de la Unión Americana es una confederación y no pretende unificar al estado a partir del criterio del nacionalismo como sucedió –y sucede- en Europa. De ahí que la vida política norteamericana tenga en gran estima los valores del republicanismo como forma de ejercer la libertad, no obstante la política norteamericana ha tenido zonas oscuras con el tratamiento del racismo, tema que merece ser explicado en el orden de las ideologías extremistas.

 

Sobre el papel que jugó el Estado nacional para conformar el sistema totalitario de acuerdo con Arendt, el historiador Furet considera que es el gran culpable del siglo XX, en su libro aquí comentado el historiador de la Revolución Francesa apunta: “Arendt señala un primer gran culpable, a saber: el Estado nacional, tal como la historia europea ha querido presentarlo, y con el que obsesionó a los espíritus a partir del siglo XVI. El apogeo de esa instancia coincide con los primeros síntomas de su patología, durante la segunda mitad del siglo XIX…la Europa de finales del siglo XIX nos muestra a los Estados-naciones lidiando con los problemas que no puede resolver: el antisemitismo, que es la reacción chauvinista a la ‘cuestión judía’ que la asimilación no bastó para resolver; el imperialismo, que no es sino la modalidad nacionalista de la universalización del mundo. El Estado nazi fue la respuesta a la vez criminal y demente a esos desafíos surgidos en la década de los ochenta del siglo pasado”[8]. En ese orden de ideas, Hanna Arendt fue la primera en formular una explicación sistemática y consistente sobre los sistemas totalitarios, pero además dentro de una tradición en donde la historia es una dimensión de la moral y la política.

 

Me parece importante señalar una breve reflexión sobre la historia. Como sabemos Arendt tenía como un historiador importante en su formación intelectual la obra de Vico. Ello supone una mirada histórica en donde la libertad juega un papel importante, podemos argumentar que se acerca al argumento de un filósofo griego contemporáneo: Kostas Papaioannou. Kostas al reflexionar sobre la historia desde la ‘modernidad’ escribía “…el mundo en relación al cual el hombre cobra conciencia de su modernidad no es ya el mundo sobrehumano de los dioses, de los gigantes, de los héroes, de los patriarcas y profetas. El presente no está definido ya en relación a un pasado mítico, esencialmente ‘otro’, heterogéneo. Está definido históricamente como una época histórica situada al interior de un universo específico, único y homogéneo, el universo histórico… En el horizonte de esta certidumbre, con una claridad creciente aparece otra idea específicamente moderna: la idea de la completa autonomía del mundo histórico. Por más que Bossuet, Vico, Hegel, evoquen el orden providencial de Dios, la historia es interpretada y asumida cada vez más como el acto y el signo de la libertad que crea su propio contenido. Así, Vico dirá que el mundo de la historia es el único que podemos conocer realmente, puesto que es nuestra obra y nuestra creación.”[9]  En esta reflexión sobre la historia lo que esta en juego es la libertad y la libertad se piensa desde la óptica de la moral. Vasos comunicantes entre los universos de la historia, la moral, la política y la libertad. Históricamente la libertad se verá coartada por la omnipresencia del poder totalitario, borrando la distinción entre la vida privada y la vida pública, que tanto defendieron los liberales del siglo XIX como John Stuart Mill. Sobre este punto el historiador Furet reflexiona en los siguientes términos “…La política sólo existe para el totalitarismo en la forma primitiva de un afán de unidad. La patria del ciudadano, lo que constituye la sede natural de la libertad, se ha convertido en la herramienta de un sometimiento sin precedentes, no sólo consentido, sino reclamado a grandes voces.”[10]

 

La libertad se perderá en los sistemas totalitarios por el unísono del agregado de los seres humanos: las masas. Es más se establece el totalitarismo gracias a esta figura sin rostro que son las masas. En lengua española un primer pensador que abordó el tema fue José Ortega y Gasset en su libro –que se originó a partir de sus ensayos- La rebelión de las masas, en este libro clásico de la historia de las ideas Ortega y Gasset, percibe las implicaciones políticas que ve en los conglomerados humanos, el hombre vulgar y su deseo de opinar sobre todos los terrenos del saber, sin importar si esta calificado para hacerlo. El hombre vulgar puede ser un hombre altamente educado, pero primitivo para expresar ideas en torno  a la cultura, pero lo más preocupante para Ortega es que se permite opinar en materia de política. Es útil advertir que Ortega mismo se definió como un liberal decimonónico en donde el individualismo a la manera de John Stuart Mill es esencial para la formación de la comunidad política. Al igual que Arendt el tema de Ortega era las implicaciones políticas que veía en el advenimiento de las masas, idea que tuvo un desencadenamiento real en la historia, pues son las masas quienes fortalecieron los mitos y delirios de la propaganda política de los sistemas totalitarios.

 

En el lenguaje filosófico de Ortega definamos lo que es el hombre-masa “el hombre-masa se siente perfecto. Un hombre de selección, para sentirse perfecto, necesita ser especialmente vanidoso, y la creencia en su perfección no está consustancialmente unida a él, no es ingenua, sino que le llega de su vanidad, y aun para él mismo tiene un carácter ficticio, imaginario y problemático. Por eso el vanidoso necesita de los demás, busca en ellos la confirmación de la idea que quiere tener de sí mismo…No se trata de que el hombre-masa sea tonto. Por el contrario, el actual es más listo, tiene más capacidad intelectiva que el de ninguna otra época. Pero esa capacidad no le sirve de nada; en rigor, la vaga sensación de poseerla le sirve sólo para cerrarse en sí y no usarla… hoy en cambio, el hombre medio tiene las ‘ideas’ más taxativas sobre cuanto acontece y debe acontecer en el universo. Por eso ha perdido el uso de la audición. ¿Para qué oír, si ya tiene dentro cuanto hace falta? Ya no es razón de escuchar, sino, al contrario, de juzgar, de sentenciar, de decidir. No hay cuestión de vida pública donde no intervenga, ciego y sordo como es, imponiendo sus opiniones.”[11] Es este nuevo ser del hombre-masa que empieza a ganar terreno en el espacio político y empieza a opinar de política. Este diagnóstico de Ortega se hizo realidad en la historia europea del siglo XX, la propaganda política nazi anestesió a las masas, la mentira sobre el estereotipo judío de tanto macharla pasó a ser una verdad. Sobre este punto Arendt argumentó: “lo que los nazis reivindicaron como su principal descubrimiento –el papel del pueblo judío en la política mundial- y como su principal interés –la persecución de los judíos en el mundo entero- fue considerado por la opinión pública como un pretexto para captarse a las masas o como un curioso truco demagógico.”[12] Este fenómeno plantea que la democracia ha degenerado en Demagogia, siguiendo la teoría de gobiernos de Aristóteles. La emergencia de las masas motiva el fenómeno político de la seducción del carisma del líder o caudillo.

 

Regresemos nuevamente a Furet y sus reflexiones en torno a la obra de nuestra filósofa. El historiador francés nos hace una observación históricamente novedosa “la cuna del horror totalitario es la democracia moderna o, mejor dicho, esta forma degradada de democracia en que la sociedad no es sino un mero agregado de individuos aislados unos de otros, privados no sólo del nexo cívico, sino también de solidaridades de clase. A este conglomerado, es sólo la pura fuerza del número la que le permite apiñarse en torno de las emociones elementales de las que se inviste un demagogo”[13] Así la obra de Arendt no es más que designarle un nombre a lo novedoso en la historia política de Occidente la aparición de sistemas totalitarios en una sociedad atomizada, que engendra al hombre-masa y se ve seducida en número mayor de sus integrantes por un demagogo, caldo de cultivo para el surgimiento de un Adolfo Hitler. Otro punto que llama la atención es que se da en el seno de las democracias, tema este de actualidad, no solo para Latinoamérica, sino a nivel mundial. Es por ello que Mark Lilla nos recuerda que “el nacimiento del Eje nazi, su derrota –en parte- a través de la movilización y la decisión democrática…”[14] es decir la democracia que tiene en su seno a los individuos atomizados puede subir o derrocar a tiranos…paradojas de la historia.

Con espíritu romántico Arendt escribe con una mano su obra y con la otra participa activamente en el movimiento sionista. Al igual que Isaiah Berlin –sin adentrarnos en sus matices- Arendt es sionista por convicción moral y temperamento judío, escribe su obra desde la vitalidad del intelectual comprometido, no con la arenga de la plaza, sino con lo que ella misma llama “vita activa” sobre este punto es de sumo interés su reflexión filosófica “la inversión de la Época Moderna consistió, pues, en elevar la acción al rango de contemplarla como el estado más elevado del ser humano, como si en adelante la acción fuera el significado último en hasta ese tiempo, todas las actividades de la vita activa se habían juzgado y justificado en la medida en que hacían posible la vita contemplativa.”[15] La vita activa del intelectual es el papel que también llevó a cabo Arendt como partidaria del sionismo, así como con sus penetrantes y claros escritos de actualidad. Ella misma era una intelectual de su tiempo que ejerció la imaginación crítica para construir sus propias ideas sobre los temas en que meditó y dio su juicio. 

 

Escribo “meditó” porque considero que es la palabra que mejor describe la actividad del intelectual, creo que “meditar” describe mejor el trabajo con las palabras en la soledad por parte del intelectual. Para el filósofo polaco Leszek Kolakowski el intelectual construye o destruye mundos a partir de su trabajo con las palabras. Solo un intelectual puede criticar al intelectual, porque es su semejante como artesano y productor de palabras. Sobre este tema  Kolakowski medita y escribe: “el intelectual no es, en sentido propio, ningún investigador ni descubridor; sus pretensiones son más vastas; emplea la palabra para proponer su propia interpretación del universo; no se conforma con la mera transmisión de la verdad, sino con su creación. No es un preservador sino un fabricante de palabras”.[16] Así, Arendt es una intelectual porque construyó mundos a partir de la palabra. Tengo la impresión que Arendt es una escritora para escritores como lo proponía Jorge Luis Borges, es una contadora de historias, hacedora de narraciones, de ahí que su pensamiento se bifurque en distintos temas, escritura que se torna en un tono personal, estas características de estilo, como hemos argumentado, la hacen inclasificable dentro de las corrientes de la filosofía.

 

En suma, Arendt con el poder de las palabras le dio nombre aquello que se hizo “público” en la historia: el totalitarismo. Intelectual que con imaginación crítica le dio claridad a la historia, siempre entendiéndola desde una dimensión moral.

 

III

 

En sus conferencias sobre la filosofía política de Kant Arendt toca temas propiamente filosóficos. Kant como la síntesis del pensamiento ilustrado y fundador de la modernidad. Lo que me llama la atención es que intelectuales contemporáneos han planteado una vuelta a Kant. De esta manera el interés por el pensamiento de Kant no sólo proviene de filósofos profesionales, sino también de los intelectuales como señalamos anteriormente.

Antes de iniciar este apartado es preciso aclarar que por las limitaciones intelectuales con respecto al campo de la filosofía por parte del autor del presente texto –como es de esperarse- pone el acento en la importancia que le dieron pensadores e intelectuales a la filosofía de Kant para explicar los acontecimientos científicos e históricos del turbulento siglo pasado. Es importante indicar que antes de cerrarse el siglo XX intelectuales como Octavio Paz ante la caída del comunismo esbozaba el proyecto sobre la intuición del nuevo tiempo que venía, intuyó tender un puente entre la poesía y la filosofía política con una nueva noción de tiempo poético que le llamó la “presencia”, un tiempo en donde se funde pasado y presente, no como una abstracción, sino como una vivencia y este acto reconciliatorio era el acto erótico. “El futuro es impenetrable: ésta es la lección que nos han dado las ideologías que pretendían poseer las llaves de la historia. Es cierto que a veces el horizonte se cubre de signos: ¿quién los traza y quién puede descifrarlos? Todos los sistemas de interpretación han fallado. Hay que volver a empezar y hacerse la pregunta que se hicieron Kant y los otros fundadores del pensamiento moderno. Mientras tanto, no me parece temerario denunciar la superstición de la historia”[17] La mirada del poeta es clave pues al revisar la historia quedó desconcertado ante la inconsistencia de los sistemas epistemológicos que han intentado explicar la naturaleza política y social del hombre. Lo saludable es un regreso al filósofo de las intuiciones trascendentales: Kant.

 

No es casual la cita aquí de Paz, pues, lo que se sugiere es pensar la política desde la dimensión moral del hombre. La prudencia ante el espectáculo de la historia es la recomendación. En su cuarta conferencia Arendt trata el tema de la dignidad humana según Kant, pasando por una reflexión sobre la melancolía en el hombre. Esta textura moral de la cuarta conferencia es la influencia de los grandes moralistas franceses –por supuesto pienso en Chateaubriand- en Kant, Arendt y Paz. No es casual que en la tercera conferencia Arendt concluya con una cita de tono irónico de Blas Pascal, en donde reflexiona que los grandes pensadores griegos –Platón y Aristóteles- estudiaron la política para darle un poco de orden a esa comunidad de locos que son los reyes y los poderosos. Por otra parte, la proposición número XXX de Aristóteles nos dice que la enfermedad –humor- de los grandes filósofos y poetas es la melancolía. Arendt en su cuarta conferencia anota “…Si la respuesta a la pregunta ‘¿qué me está permitido esperar?’ es ‘la vida en un mundo futuro’, entonces el énfasis no se pone en la inmortalidad sino en un género de vida mejor. Regresemos a la filosofía de Kant para descubrir las consideraciones en que pudo apoyarse para remontar su profunda predisposición a la melancolía, porque sin duda éste era su caso, y él mismo era consciente de ello. La siguiente descripción del hombre de ‘carácter melancólico’ es posiblemente un autorretrato…siente con viveza la dignidad de la naturaleza humana. Se estima a sí mismo y tiene a un hombre por una criatura que merece respeto. No sufre sumisión abyecta, y su noble pecho respira libertad. Toda suerte de cadenas le son odiosas, desde las doradas que en la corte se arrastran hasta los pesados hierros del galeote”.[18] La idea fundamental es que el individuo tiene ante “dignidad”, cuyas implicaciones políticas es el respeto de las libertades de los hombres, pues, con la libertad se hace un presente más feliz y un futuro por venir, esto es, el hombre se debe concebir como ser moral y fin en sí.

 

En su libro La modernidad siempre a prueba Leszek Kolakowski se hace una pregunta fundamental ¿por qué necesitamos a Kant? Y también reflexiona sobre la dignidad del hombre y su ser moral, y este fundamento que ve Kolakowski en Kant es la piedra de toque para criticar el tratamiento de objetos que le dieron los sistemas totalitarios a los individuos. “Kant creía de hecho en la esencial igualdad entre los seres humanos en su dignidad de sujetos libres y razonables. En este punto, de seguro, continuaba la doctrina iusnaturalista del siglo XVII, era seguidor de Pufendorf y Grocio, por mucho que fundara su doctrina en otros presupuestos antropológicos. Creía por consiguiente que todas las normas, en tanto son morales, han de referirse por necesidad a cada individuo, y que hay derechos, reivindicables sin excepción por todo hombre, de que cada cuál debe ser tratado por los demás hombres como fin en sí y no como medio”.[19] Redondeando: Paz, Kolakowski[20] y Arendt intelectuales del siglo pasado ven en la vuelta a Kant un punto de partida para reflexionar con claridad los asuntos de la política, con una sabiduría que en ocasiones no se encuentran en la jerga académica de los departamentos universitarios.

 

Existe una tipología elaborada por Isaiah Berlin para clasificar a los pensadores o escritores que se sintetiza en un verso del poeta griego Arquíloco: “la zorra sabe muchas cosas, pero el erizo sabe una importante”. De acuerdo con Isaiah Berlin los que son difusos y les inquieta encontrar respuestas a distintas respuestas su analogía es la zorra, por ejemplo William Shakespeare; por otra parte existen pensadores que todo su sistema de pensamiento gira alrededor de una pregunta central su analogía es el erizo, por ejemplo el poeta italiano Dante Alighieri. Mi impresión es que Hanna Arendt por su tono personal y su estilo ensayístico, así como sus distintos intereses intelectuales se clasificaría como una zorra y su retrato pertenecería a   quienes persiguen muchos fines distintos, a menudo inconexos y hasta contradictorios ligados, si acaso, por alguna razón de facto, alguna causa psicológica o fisiológica, sin intervención de ningún principio moral ni estético… su pensamiento está desperdigado, es difuso, ocupa muchos planos a la vez, aprehende el meollo de una vasta variedad de experiencias y objetos según sus particularidades, sin pretender integrarlos, consciente o inconscientemente, en una única visión interna, inmutable y globalizadora.”[21]

 

IV

 

A manera de redondeo: lo que pretendí en este breve escrito fue buscar analogías de ideas y estilo de pensar entre Hanna Arendt y otros intelectuales que no se vieron seducidos por los totalitarismos.[22] Recuerdo una traslación inteligente y sensible del verso final del poema  Diotima (2) de Hölderlin, con el cual el poeta venezolano Eugenio Montejo inicia como epígrafe su poema Acacias. Por supuesto que Arendt ha de haber leído este verso de Hölderlin, y que describe muy bien la noche gélida de la historia de Europa bajo los regímenes totalitarios: En la gélida noche rugen los huracanes.

 

 

Referencias.

 

Arendt, Hanna. Conferencias sobre la filosofía política de Kant. España, Paidós, 2003.

Arendt, Hanna. La condición humana. España, Paidós, 2005.

Arendt, Hanna. “1. Antisemitismo”. En Los orígenes del Totalitarismo. España, Alianza Editorial, 2002.

Berlin, Isaiah. Recollections of a Historian of Ideas. Conversations with Isaiah Berlin. New York, Charles Scribner’s Sons, 1991.

Berlin, Isaiah. El erizo y la zorra. España, Muchnik Editores, Océano, 2000.

Furet, Francois. El pasado de una ilusión. Ensayo sobre la idea comunista en el siglo XX. México, FCE, 1996.

Kolakowski, Leszek. La modernidad siempre a prueba. México, Vuelta, 1990.

Lilla, Mark. “Europa y el malestar en las ideas políticas”. Letras Libres, julio 2003, pp. 22-26.

Lilla, Mark. “La seducción de Siracusa”. Letras Libres, marzo 2004, pp. 12-19.

Lilla, Mark. “The New Age Tyranny”. The New York Review of Books, Octubre 24, 2002.

Ortega y Gasset. La rebelión de las masas. España, Revista de Occidente, 1929.

Papaioannou, Kostas. La consagración de la historia. México, FCE, 1989.

Paz, Octavio. La llama doble. Amor y erotismo. España, Seix Barral, 1993. 

 

 

 


* Noé Hernández Cortez es licenciado en Historia por la Universidad Veracruzana. Actualmente es becario del CONACYT en el Programa de Maestría en Sociología Política en el Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora. * noe.hernandezcortez@gmail.com

[1] Al respecto François Furet (1996:497) escribe: “desarraigada de todo, Hanna Arendt no es más que una escritora política de la Guerra Fría que una autora de derecha o de izquierda”.

[2] La introducción a la obra La condición humana de Hanna Arendt editada por Paidós es un ensayo de Manuel Cruz titulado Hanna Arendt, pensadora del siglo en donde reflexiona sobre este punto (pp.9-25) En la nota que la acompaña rescata una entrevista de Arendt concedida a Gunter Gauss en donde la escritora dice: “Yo no pertenezco al círculo de los filósofos […] No me siento filósofa de ninguna manera y tampoco creo que haya sido recibida en el círculo de los filósofos”. (p.21)

[3] Nora Rabotnikof en sus disertaciones rescató como rasgo distintivo de Arendt ser “una contadora de historias”.

[4]  Berlin, Isaiah. Recollections of a historian of ideas. Conversation with Isaiah Berlin. New York, Charles Scribner’s Sons, 1991. pp. 82

[5] Lilla, Mark. “Europa y el malestar en las ideas políticas”, en Letras Libres, México, julio 2003, pp. 22.

[6]  Ibid. p. 22

[7]  Arendt, Hanna. Los orígenes del totalitarismo. 1. Antisemitismo. España, Alianza Editorial, 2002. pp. 142.

[8] Furet, François. El pasado de una ilusión. Ensayo sobre la idea comunista en el siglo XX. México, FCE, 1996. p. 492

[9] Papaioannou, Kostas. La consagración de la historia. México, FCE, 1989, pp. 2003-2004.

[10] Furet, François. El pasado de una ilusión. Ensayo sobre la idea comunista en el siglo XX. México, FCE, 1996. p. 495.

[11] Ortega y Gasset, José. La rebelión de las masas. Madrid, Revista de Occidente, 1929. pp.110-115

[12] Arendt, Hanna. Los orígenes del totalitarismo. 1. Antisemitismo. España, Alianza Editorial, 2002. p. 25

[13] Furet, François. El pasado de una ilusión. Ensayo sobre la idea comunista en el siglo XX. México, FCE, 1996. p. 495.

[14] Lilla, Mark. “The New Age Tyranny”. The New York Review of Books, Octubre 24, 2002

[15] Arendt, Hanna. La condición humana. España, Paidós, 2005. pp.315

[16] En su libro La modernidad siempre a prueba publicado por la editorial Vuelta (1990), en una excelente traducción al español por el poeta mexicano Juan Almela, Kolakowski en un brillante ensayo reflexiona sobre los intelectuales, y toca el tema de la responsabilidad del intelectual en el siglo XX.

[17] Paz, Octavio. La llama doble. Amor y erotismo. España, Seix Barral, 1993, pp. 54-55

[18] Arendt, Hanna. Conferencias sobre la filosofía política de Kant. España, Paidós, 2003, p. 52-53.

[19] Leszek, Kolakowski. La modernidad siempre a prueba. México, Vuelta, 1990, p. 73.

[20] Kolakowski filósofo polaco que sigue pensando y escribiendo. En México las revistas Vuelta cuando la dirigía el poeta Paz y Letras Libres dirigida por Enrique Krauze le han publicado sus escritos.

[21] Berlin, Isaiah. El erizo y la zorra. España, Muchnik Editores, Océano, 2000, p. 17.

[22] En su ensayo “La seducción de Siracusa”, publicado en Letras Libres, Mark Lilla describe a los intelectuales que se vieron seducidos por las ideologías totalitarias como fueron Martín Heidegger y Michel Foucault.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: