Bush y Obama: ¿semejanza o diferencia?

mayo 23, 2010

Bush y Obama: ¿semejanza o diferencia?

 

No me propongo denunciar las traiciones del lenguaje ni

resolver o eliminar la ambigüedad, sino entenderla. La hipótesis

que me propongo examinar es que la ambigüedad de

nuestro vocabulario político proviene del hecho de que ha sido

obligado, durante cerca de cinco siglos, a servir a dos amos.

 

Michael Oakeshott, La política de la fe y la política del escepticismo, (1998:48).

 

Pedir o predicar precisión mecánica, así sea en principio,

en un terreno donde es imposible, significa estar

ciego y extraviar a otros. Siempre está, además, la parte

desempeñada por la pura suerte, de que –cosa bastante

misteriosa- los hombres de buen juicio parecen disfrutar

más a menudo que los demás. Acaso valga

también la pena reflexionar acerca de esto.

 

Isaiah Berlin, Sobre el juicio político, Vuelta, (1996:16).

 

Noé Hernández Cortez

Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Sede México.

 

I

 

En su ensayo Gobernar en bicicleta Jesús Silva Herzog Márquez[1] nos recuerda el célebre ensayo de Gabriel Zaid Cómo leer en bicicleta[2]. La lección de Zaid viene bien al tema del ensayo de Herzog: la política de la fe y la política del escepticismo de Michael Oakeshott. La política para Oakeshott no es una ingeniería como piensan los racionalistas. Tampoco la política es una lectura en donde se pueda profetizar sobre el rumbo que tomarán las acciones de los líderes políticos. Contra la creencia de la ciencia política que intenta descifrar la conducta de los políticos por medio de reglas geométricas, Oakeshott le opone el sano escepticismo del padre del ensayo: Montaigne.  

 

Isaiah Berlin descreía también del entendimiento de la política como una “precisión mecánica”. En su ensayo Sobre el juicio político[3] Berlin descree de la existencia de una ciencia política que revele las coordenadas geométricas bien trazadas de los comportamientos de los líderes políticos. Al igual que Oakeshott, Isaiah Berlin huye de las grandes construcciones racionales de la política que pretenden explicar la orientación ingenieril de la misma. De forma similar al estilo de Montaigne, Oakeshott y Berlin dejaron sus reflexiones políticas no en grandes tratados, sino más bien en las formas ondulantes del ensayo.

 

No es casual que en México uno de los representantes de este talante liberal, Jesús Silva Herzog Márquez, mire a la política como la ironía de la idiotez de lo perfecto y nos exprese sus ideas en las formas ondulantes del ensayo, como el propio Herzog nos advierte con los versos de Wislawa Szymborska  en su ensayo sobre el liberalismo trágico que versa sobre Isaiah Berlin, que al hombre se le ha sido negado la perfección de la cebolla:

 

Lo de la cebolla, eso sí lo entiendo,

el vientre más bello del mundo:

se envuelve a sí mismo en aureolas

para su propia gloria.

En nosotros: grasas, nervios, venas,

secreciones y secretos.

Y se nos ha denegado

la idiotez de lo perfecto.[4]

Partimos entonces de la hipótesis de que la política es la hechura de lo imperfecto y por lo tanto difícil de asir en un modelo racional que explique a detalle la mecánica de la acción política. En ese sentido, para asomarnos a los discursos de dos líderes políticos mundiales como son Bush y Obama, seguimos la idea de la política como algo imprevisible, azaroso e imperfecto.

 

                    

II

 

Una manera de aproximarse a la política interna y a la política exterior de George W. Bush y de Obama es contextualizándolos frente a los grandes problemas de su momento. George W. Bush construye su discurso político y la implementación de su política interna y externa a partir de los acontecimientos del 11 de septiembre del 2001. Obama tiene ante sí el problema de la crisis financiera mundial. Dos grandes acontecimientos que han marcado la forma de hacer política en ambos. Si bien es cierto que en el caso de Obama el tiempo es muy breve para configurar una idea de su política, pero podemos trazar ciertas ideas que van tomando su política.

 

En ese sentido, señalaremos que la primera semejanza entre ambos presidentes de los Estados Unidos consiste en vérselas con dos grandes acontecimientos de crisis que han marcado tanto su política interna como externa. Esta semejanza me parece que no es superficial si la comparamos con el escenario económico optimista que marcó a la política del demócrata Clinton. Como bien observó en su momento el historiador francés François Furet sobre Clinton “se deja llevar por la prosperidad recuperada de la economía, que se atribuye a sí mismo, y que le basta para ganar”.[5]

 

Esta situación de crisis tanto de Bush como de Obama van acompañados de discursos políticos que manifiestan su perfil ideológico. Estos discursos ideológicos ponen en claro en declaraciones los temas a discutir en la arena pública, fijando de esta manera los temas de sus respectivas políticas y acciones de acuerdo con el repertorio de sus discursos. Nosotros le damos aquí énfasis a los discursos políticos que han formado la opinión pública en la vida norteamericana. Asimismo, en el discurso ideológico podemos atisbar cuales son las diferencias entre ambos líderes políticos, podemos adelantar que el discurso de Bush corresponde al ala neoconservadora del partido republicano, y las bocanadas de aire fresco del discurso de Obama corresponden al discurso de orden republicano como argumentan algunos analistas políticos.

 

George W. Bush fue presidente de los Estados Unidos en el período del 20 de enero del 2001 al 20 de enero del 2009. Los atentados del 11 de septiembre del 2001 orientaron la política exterior de Bush hacia la guerra contra el terrorismo. El enemigo lo identificó con el llamado Eje del Mal conformado por Iraq, Irán y Corea del Norte. Con respecto a esta política que como ya sabemos resultó equivoca y errática, una especie de guerra de lo que Benjamín Barber llamó Jihad vs. McWorld.[6] Podemos calificar a Bush como fiel discípulo de Carl Schmitt, al construir a su enemigo en un discurso radicalmente maniqueo. Discurso que tenía el tono de una cruzada contra los infieles. En su discurso sobre el estado de la unión del 29 de enero de 2002, Bush afirma:

 

Nuestro objetivo es prevenir que regímenes que apoyen el terror amenacen a [Estados Unidos] o a nuestros amigos y aliados con armas de destrucción masiva. Algunos de estos regímenes han estado bastante callados desde el 11 de septiembre. Pero conocemos su verdadera naturaleza. Corea del Norte es un régimen que se está armando con misiles y armas de destrucción masiva mientras mata de hambre a sus ciudadanos…Irán anda enérgicamente tras estas armas y exporta terror, mientras que unos pocos que no han sido elegidos reprimen el deseo de libertad del pueblo iraní…Iraq sigue haciendo alarde de su hostilidad hacia [Estados Unidos] y apoyando el terror. El régimen iraquí ha conspirado para desarrollar ántrax, gas nervioso y armas nucleares desde hace más de una década…Estados como éstos, y sus aliados terroristas, constituyen un eje del mal que se arma para amenazar la paz del mundo. [7]

 

En este discurso Bush distingue entre los buenos y los malos, entre la civilización y la barbarie. Es abundante la literatura al respecto de que detrás del discurso de Bush se encuentra un grupo de neoconservadores que han tomado el ala más conservadora del Partido Republicano. Las coordenadas ideológicas de este grupo conservador no solo marcaron la política exterior de los Estados Unidos, sino también la política doméstica norteamericana, con políticas que iban del discurso patriótico norteamericano a políticas contra la investigación científica de las células madre. Esta ideología neoconservadora marcó indiscutiblemente la política durante el período Bush.

 

Michel Lind un ex neoconservador en un ensayo brillante titulado ¿Cuál civilización? Argumentaba que el enemigo estaba en casa, con ello quería señalar que Bush se había alejado diametralmente con su discurso político-religioso de los orígenes del pensamiento humanista liberal de los padres fundadores de los Estados Unidos. Al respecto escribía Michel Lind:

 

La negación de Charles Darwin que hace George W. Bush y la denuncia de Francis Bacon por parte de Al Gore muestran qué tan lejos se ha apartado EU del humanismo ilustrado de los padres fundadores. Los tres más grandes héroes de Jefferson fueron Isaac Newton, Francis Bacon y John Locke. El de Hamilton fue Julio César. Ni Jefferson ni Hamilton consideraron enlistar a Moisés o Jesús. Este descuido fue redimido durante la campaña presidencial de 2000, cuando el preguntarle a George W. Bush quién era su filósofo favorito, respondió: “Jesucristo”.[8]

 

 

Más tarde, se hizo un paralelismo entre el discurso dicotómico entre el bien y el mal de Bush y Osama Bin Laden el cual no era gratuito[9]. Michel Lind observó en este discurso de Bush una orientación religiosa opuesta a la de los hombres ilustrados fundadores de América. Con ello Lind argumentaba que el discurso de Bush tenía los mismos resortes ideológicos que los de Osama Bin Laden, argumentando que el propio Bush era el enemigo para la tradición del humanismo liberal de los Estados Unidos. Otro analista acucioso, David Rieff, nos ponía en alerta, “Si se leen los artículos que, desde el 11 de septiembre de 2001, han aparecido regularmente en la prensa europea o latinoamericana, o bien de lo que queda de la prensa de izquierda de Estados Unidos, será difícil no hacerse de la idea de la política exterior de Washington está bajo el dominio de una camarilla de neoconservadores.”[10]

 

El profesor de Harvard, el sociólogo Daniel Bell ya había retratado las contradicciones culturales de la sociedad norteamericana, en donde argumentaba que el desgaste de la ética puritana había dado paso al hedonismo capitalista. Esta idea Daniel Bell la trató en su libro Las contradicciones culturales del capitalismo.[11] De ahí que para los neoconservadores, de acuerdo con Bell, la política sea un instrumento para restituir el mundo puritano de la sociedad norteamericana. Pero no podemos hablar de los neoconservadores norteamericanos en abstracto, nuevamente el ya citado David Rieff nos presenta un retrato de los neoconservadores que rodearon a George W. Bush, escribe Rieff:

 

…durante el período de transición en que se formó el equipo del gobierno entrante, Cheney consiguió persuadir al presidente Bush de nombrar importantes figuras neoconservadoras para puestos de poder en el gobierno. El Pentágono de Donald Rumsfeld se volvió prácticamente un coto conservador en el que el propio Rumsfeld resultaba ser el menos neoconservador entre las autoridades más importantes encargadas de decidir las políticas. Ciertamente Rumsfeld, más que compartir el sueño de Paul Wolfowitz de crear un Oriente Medio democrático a la imagen estadounidense mediante el poder de Estados Unidos, viene a ser un nacionalista estadounidense a la antigua, un creyente en esas expediciones en que los militares estadounidenses salen a aplastar a los enemigos de la República y regresan a su base. Pero la mayoría de sus asesores –el propio Wolfowitz, Feith, Richard Perle-  eran y son neoconservadores.”[12]

 

 

Ante este panorama el belicismo de la política exterior de Bush se explica ideológicamente por la llegada al poder de los neoconservadores que para algunos analistas como David Rieff si bien no explica el hecho de la invasión a Iraq totalmente, si es importante estudiarle desde el punto de vista de la ideología de la administración Bush. Pero ante este escenario es justo poder reflexionar sobre uno de los argumentos centrales del filósofo liberal John Rawls sobre el principio de justicia en el ámbito de las relaciones internacionales. La pertinencia de este argumento de Rawls proviene de la indiferencia con que Bush tomó a las resoluciones del Consejo de Seguridad de la Naciones sobre la injustificada intervención militar en Irak, injustificado al no encontrarse las pruebas del aparente almacenamiento de las armas de destrucción masiva supuestamente adquiridas por el gobierno de Saddam Hussein. De acuerdo con Rawls: “La justicia entre los estados viene determinada por los principios que serían elegidos en la posición original…El principio básico de la ley de las naciones es un principio de igualdad. Los grupos independientes, organizados en estados, tienen ciertos derechos fundamentales iguales…Una consecuencia de esta igualdad de las naciones, es el principio de autodeterminación, el derecho de un pueblo a solucionar sus propios asuntos sin la intervención de poderes extranjeros…”[13] No obstante, este ideal normativo tendría que esperar mejores momentos, no durante el gobierno neoconservador de Bush.

 

 

 

III

 

El escenario político con que inicia el gobierno de Obama está marcado por la crisis interna del mercado norteamericano y por su extensión  a otras latitudes. De esta manera el discurso de la toma de posesión de Obama además de ser histórico por ser la primera vez en que es elegido un presidente afroamericano, tiene tintes para algunos analistas de ser un discurso republicano.

 

Para argumentar las ideas arriba señaladas empecemos por dibujar el panorama económico que le toca lidiar a Obama, principalmente en la toma de decisiones en la política interna de su país. Para el analista financiero Jorge Suárez-Vélez la situación económica con la cual tiene que bregar Obama fue generada por la crisis hipotecaria en los Estados Unidos:

 

…el gobierno presionó para que se otorgara crédito hipotecario a gente de bajos recursos, aun en casos en los que no eran buenos sujetos de crédito; las agencias de crédito sesgaron las calificaciones que otorgaban , por razones comerciales y conflictos de interés; el público compró papel o fondos cuyo riesgo no conocían (y los reguladores no estaban interesados en que los conocieran por miedo a quedar mal con las entidades poderosas de Wall Street); y los bancos escondieron vehículos que incrementaban su apalancamiento; las aseguradoras emitieron pólizas muy por encima de su capacidad financiera, subestimado el riesgo sistémico y creyendo que estaban razonablemente cubiertas contra lo altamente improbable; y, finalmente, el público se endeudó mucho más allá de su capacidad de pago[14]

 

Es claro que el autor de este diagnóstico está fincado en la idea de mercado en un modelo de la teoría de la elección racional que concibe al mercado como una competencia entre agentes con información completa. Pero al esconderse la información se generó esta crisis financiera en el sector hipotecario estadounidense como argumenta Jorge Suárez. En ese sentido, lo que es evidente es que el gobierno de Obama tiene enfrente el problema de la crisis financiera y lo inmediato en la política interna es “detener” el desempleo en gran escalada. De ahí que las primeras políticas de Obama en la política doméstica sea a través de préstamos públicos al sector privado, en cierto sentido un regreso a las políticas keynesianas en el sentido de un estado interventor.

 

Ante este escenario de crisis los discursos del Presidente electo Obama tienen un gran significado. En su primer discurso de toma de posesión Barack Obama no inicia su discurso haciendo un llamado a los “americanos”, sino más bien a los “compatriotas”, de entrada este discurso inicia con una idea republicana. Los analistas políticos atentos al discurso de Obama han  calificado su discurso tanto como liberal como  un discurso identificado con la idea republicana. Lo que si era cierto es que era un discurso renovador que se había despojado del discurso político-religioso de su predecesor.

 

En la traducción de su discurso al español Obama inicia así su discurso:

 

                        Compatriotas:

 

Me encuentro hoy aquí con humildad ante la tarea que enfrentamos, agradecido por la confianza que me ha sido otorgada, consciente de los sacrificios de nuestros antepasados. Agradezco al presidente Bush su servicio a nuestra nación, así como la generosidad y cooperación que ha demostrado a lo largo de esta transición.[15]

 

En su artículo A Liberal Translation el historiador liberal Timothy Garton Ash califica el discurso de Obama como de corte liberal. Señala Garton Ash que el liberalismo de Obama se ve reflejado en el momento en que le da lugar al “gobierno y al mercado” en una “sociedad decente”. Además, señala Garton Ash, que el discurso de Obama es liberal en el momento en que armoniza el modelo “clásico constitucional y el liberalismo igualitario moderno.”[16]

 

En su artículo El momento republicano Jesús Silva Herzog Márquez sostiene que el discurso de Barack Obama es republicano. Márquez nos recuerda que “la ceremonia de relevo de poderes en los Estados Unidos nos recordó que ese país nació como una república, antes que como una democracia.”[17] Con consistencia Márquez menciona los estudios contemporáneos de Pocock y Skinner, quienes ubican el origen de los Estados Unidos en las Republicanas italianas del Renacimiento más que en el momento de la Ilustración. Así, los Estados Unidos son herederos de la virtud republicana renacentista, más que del contrato inglés. Esta idea en México sería a mi parecer suscrita por José Antonio Aguilar y Rafael Rojas, quienes señalan lo siguiente:

 

Cierto desplazamiento de John Locke, padre del liberalismo, a los márgenes de la historiografía ha producido la recuperación del Renacimiento como fuente intelectual del pensamiento político angloamericano. El autor más importante en esta revolución conceptual fue, sin duda, J. G. A. Pocock, quien afirmaba que “el resultado de las investigaciones recientes ha sido mostrar a los Estados Unidos menos como el primer acto revolucionario de la Ilustración y más como el gran acto del renacimiento.”[18]

 

 

Siguiendo esta línea argumentativa, Gargarella cuando le dedica las páginas al republicanismo también inicia con esta idea:

 

Con raíces en la antigüedad clásica, el republicanismo representa una corriente de pensamiento que ha comenzado a “renacer”, a finales del siglo XX, a partir del trabajo de un notable grupo de historiadores –norteamericanos en su mayoría- que, desde fines de los sesenta, rastrearon los orígenes teóricos de la tradición política-institucional angloamericana en fuentes hasta ese entonces no consideradas. J. Pocock, por ejemplo, hizo referencia a las conexiones entre la tradición mencionada y el humanismo cívico que se desarrollara en la Italia renacentista.[19]

 

Estas exposiciones no llevarían a la idea republicana de “defensa del interés común; apuesta por la legalidad, rechazo del encierro individualista y a los abusos escudados en la emergencia,”[20] bajo este criterio el discurso de Obama fue un discurso republicano en un momento difícil de los Estados Unidos. Un discurso del compromiso por el bien común, algo que Bush había dejado en el cajón del olvido.

 

 

IV

 

A manera de reflexiones finales consideramos que la semejanza entre Bush y Obama radica en que su política interna y externa tuvo que ser orientada de acuerdo con los dos acontecimientos que impactaron la vida doméstica de los Estados Unidos. Bush con los atentados terroristas del 11 de septiembre del 2001 y actualmente Obama con la crisis financiera. Estos escenarios contrastan con el escenario de bonanza y optimismo político de Clinton.

 

Frente al escenario de incertidumbre tanto de Bush como de Obama, las respuestas del discurso político se presentan hasta el momento distintas. El discurso neoconservador belicista de Bush, que se apartó de los ideales republicanos liberales de la tradición de los padres fundadores contrasta con el aún fresco discurso republicano de Obama. Así nuestra respuesta tentativa a la pregunta Bush y Obama: ¿semejanza o diferencia? Señalamos que ambas, hay semejanzas y diferencias puntuales.

 

Esta mirada a la política norteamericana es una lección para nuestra incipiente democracia mexicana. El resultado de ello es algo sencillo pero valioso, siguiendo a Enrique Krauze atender el discurso de los políticos en México nos permite “combatir su impunidad declarativa” y así “cuidar nuestra frágil democracia”.[21]

 

En suma, este ensayo es una especie de toma de notas, una mínima “radiografía” de las coordenadas que sugieren la filosofía política. Notas que esperan ahuyentar “el elogio irreflexivo y la retórica desinformada” que “pueden ser un enemigo peligroso que la defensa del absolutismo y de la autocracia porque, a diferencia de esta última que postula abiertamente un modelo alternativo y contrario, los primeros terminan erosionando los cimientos del modelo que pretenden defender. Son el enemigo dentro de casa.”[22]

 

 


[1] Véase Silva-Herzog Márquez, Jesús,  La idiotez de lo perfecto. Miradas a la política, México, Fondo de Cultura Económica, 2006, pp. 45-72.

[2] Zaid, Gabriel, Cómo leer en bicicleta, Océano, 1996.

[3] Berlin, Isaiah, “Sobre el juicio político”, en Vuelta, No. 240, pp. 10-16.

[4] Véase Silva-Herzog Márquez, Jesús,  La idiotez de lo perfecto. Miradas a la política, México, Fondo de Cultura Económica, 2006, pp. 111-153.

 

[5] Furet, François, “Los Estados Unidos de Clinton”, en Vuelta, 1997,  No. 246, pp. 9-12.

[6] Véase Fernández Santillán, José, “De Berlín a Kabul”, en Este País, No. 130, pp. 12-17.

[7] Bush, George W., Discurso sobre el estado de la Unión, 29 de enero de 2002.

[8] Lind, Michael, “¿Cuál civilización?”, en Este País, No. 130, p. 7

[9] Álvarez Garro, Laura,  El discurso político-religioso en la globalización. Un análisis desde el concepto analítico de la identificación, Universidad de Costa Rica, 2007.

[10] Rieff, David, “Los Neoconservadores”, en Letras Libres, Marzo 2004, p. 30.

[11] Véase Bell, Daniel, Las contradicciones culturales del capitalismo, Alianza Editorial, 1985.

[12] Rieff, David, “Los Neoconservadores”, en Letras Libres, Marzo 2004, p. 32

 [13] Migliori, Joaquín,  Introducción a John Rawls, Colección Año VIII No. 13, p. 157.

[14] Suárez Vélez, Jorge, “Mercados vs. Gobiernos”, en  http://www.letraslibres.com/blog/blogs/index.php?title=mercados_vs_gobiernos_le_anticipo_que_si&more=1&c=1&tb=1&pb=1&blog=15

 [15] Obama, Barack,  Discurso de toma de posesión de juramento presidencial, 2009

[16] Garton Ash, Timothy, “A Liberal Translation”, The New York Times

[17] Silva-Herzog Márquez, Jesús, “El momento Republicano”, 2009.

[18] Aguilar, José Antonio y Rojas, Rafael (Coordinadores), El republicanismo en Hispanoamérica. Ensayos de historia intelectual y política, México, Fondo de Cultura Económica, 2002, p. 7.

[19] Gargarella, Roberto, Las teorías de la justicia después de Rawls. Un breve manual de filosofía política. México, Paidos, 1999, p. 161.

[20] Silva-Herzog Márquez, Jesús, “El momento Republicano”, 2009.

[21] Krauze, Enrique, “Refrendar la democracia”, en Letras Libres, 2005, p. 15.

[22] Salazar Ugarte, Pedro, La democracia constitucional. Una radiografía teórica, México, Fondo de Cultura Económica, 2008, p. 45

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: